Una brisa diferente sopla este año en la Croisette. Menos flashes de Hollywood, menos glamour calculado, y en cambio, más temáticas oscuras, narrativas complejas y películas que no buscan gustar sino desafiar. Ya en los primeros días del Festival de Cine de Cannes 2026 se percibe un ambiente que sorprende a muchos asistentes habituales: el cine vuelve a buscar el riesgo.
Se discute con especial intensidad Histoires de la nuit de la directora francesa Léa Mysius. La adaptación cinematográfica de la novela de Laurent Mauvignier ya se considera una de las producciones francesas más fuertes de la competición. Quienes salen de la sala hablan menos de la trama que de la atmósfera. La película se posa sobre el público como una niebla — opresiva, hipnótica, a veces casi claustrofóbica. Monica Bellucci y Benoît Magimel llevan esta historia con una intensidad que en la Croisette da lugar a largas conversaciones hasta entrada la noche.
Muy diferente pero no menos presente: Paper Tiger de James Gray. El director estadounidense, que fue incluido en la competición a último momento, trae de vuelta a Cannes un cine que muchos ya echaban de menos. No es un espectáculo de superhéroes ni una maquinaria de franquicias, sino una película silenciosa y melancólica sobre la soledad, la familia y los sueños perdidos. Algunos críticos ya hablan de un pequeño desafío al sistema moderno de estudios. Bueno — a veces basta una película discreta para sonar más fuerte que cualquier explosión en la pantalla.
Lo que más destaca es la orientación internacional del festival. Nombres como Pedro Almodóvar, Asghar Farhadi, Ryusuke Hamaguchi o László Nemes dominan las conversaciones en los cafés a lo largo de la Croisette. Muchos observadores notan un retorno al cine clásico de autor — aquel cine en el que los directores no solo entregan contenidos, sino que dejan firmas inconfundibles.
Esta edición además se siente más política y melancólica que años anteriores. La guerra, las crisis de identidad, los temores ecológicos y las fantasías de control tecnológico recorren como un hilo oscuro diversas películas. Un periodista ya definió a Cannes como un “festival nervioso”. En efecto, parece que los acontecimientos mundiales se filtran directamente en la pantalla. Incluso los estrenos glamorosos llevan de repente un tono más serio.
Y Cannes también cambia visiblemente fuera de las salas de cine. Entre estrellas de la actuación y directores ahora se abren paso influencers, críticos de TikTok y creadores de contenido en las alfombras rojas. Para algunos es una bocanada de aire fresco y la apertura del festival hacia generaciones más jóvenes. Otros ponen los ojos en blanco y hablan de una puesta en escena digital constante. El debate sobre esto forma ya parte casi tan inseparable de Cannes como el esmoquin y el vestido de gala.
No hay hasta ahora un claro favorito para la Palma de Oro. Pero precisamente eso hace que esta edición sea tan emocionante. En lugar de una película dominante, esta vez muchas obras radicales y personales marcan el festival. Quizá falta el gran glamour de años pasados, pero Cannes 2026 parece recordar con más fuerza a lo que hizo famoso a este festival en sus comienzos: cine valiente para personas que quieren dejarse sorprender.
Por C. Hatty