Lo que hace apenas unos años se consideraba una excepción al final de un largo verano, en el departamento francés de Doubs ya es una realidad al comienzo de las vacaciones. Varios pequeños municipios del este de Francia reciben agua potable desde finales de junio mediante camiones cisterna. Para la población local, esto es mucho más que un desafío organizativo. Es una señal clara de la rapidez con la que se hacen sentir las consecuencias de la sequía persistente.
Varias localidades de la zona de Maîche, cerca de la frontera suiza, se encuentran especialmente afectadas. Los manantiales naturales ya no suministran suficiente agua para abastecer de forma fiable a los habitantes. Por ello, los camiones cisterna llegan ahora regularmente y llenan los depósitos locales con agua potable fresca. En municipios pequeños de menos de cien habitantes, esto supone un esfuerzo considerable. Cada pocos días deben entregarse unos 30.000 litros de agua para cubrir las necesidades diarias.
Los alcaldes observan la evolución con gran preocupación. Ya durante los años secos de 2020 y 2023, algunas localidades tuvieron que recurrir temporalmente a esta solución de emergencia. Sin embargo, que el abastecimiento fuera necesario ya a finales de junio se considera excepcional. Las reservas de agua, que antes alcanzaban hasta bien entrado el verano, ahora disminuyen mucho más rápido.
La causa es una combinación de escasas precipitaciones desde la primavera y varias olas de calor intensas. El paisaje kárstico, ya de por sí pobre en agua, reacciona de forma especialmente sensible a los periodos prolongados de sequía. En muchos lugares, los ríos y arroyos apenas llevan agua, y algunos tramos están casi secos. En ciertos puntos, el lecho del río recuerda más a un paisaje pedregoso que a una masa de agua.
La agricultura también sufre las consecuencias con toda su intensidad. Muchos prados ya están quemados en pleno verano y la cosecha de heno es considerablemente menor de lo habitual. Al mismo tiempo, los animales padecen las altas temperaturas. Las vacas beben mucha más agua, sufren estrés térmico y producen menos leche. Numerosas explotaciones ya recurren a reservas de alimento que en realidad estaban previstas para el invierno.
Además de los problemas ecológicos, también aumenta la presión financiera sobre los municipios. Cada uso de un camión cisterna genera costes considerables. Al mismo tiempo, muchos ayuntamientos ya trabajan en soluciones a largo plazo, por ejemplo mediante nuevas conducciones hacia fuentes de agua más abundantes. Sin embargo, estos proyectos consumen grandes sumas y a menudo requieren varios años hasta su finalización.
El caso de Doubs muestra de forma ejemplar cómo está cambiando el abastecimiento de agua en partes de Francia. Lo que antes se consideraba una situación excepcional y poco frecuente se está convirtiendo cada vez más en la nueva normalidad. Para muchos municipios, la lucha por disponer de suficiente agua potable comienza ahora mucho antes que hace apenas unos años.
Autor: Andreas M. Brucker