París sufre bajo el calor. El asfalto reluce, el aire queda estancado entre las filas de casas y bulevares, y sobre la región capitalina se extiende un velo invisible de ozono. Desde el viernes, por ello, entra en vigor en París y la Petite Couronne una regulación de tráfico diferenciada, llamada en francés “circulation différenciée”. Además de la capital, se ven afectadas Hauts de Seine, Seine Saint Denis y Val de Marne.
El motivo es la esperada concentración de ozono. Las altas temperaturas, la fuerte radiación solar y los contaminantes procedentes del tráfico y la industria forman una mezcla desfavorable. El ozono no se genera directamente en el tubo de escape, sino en la atmósfera cuando los precursores reaccionan bajo el sol. ¿Suena técnico? En la vida diaria, esto significa simplemente que el aire parece más pesado y que el riesgo para la salud aumenta para las personas sensibles.
Sólo podrán circular en la zona afectada vehículos con la placa Crit’Air 0, 1 o 2. Los coches de las categorías 3, 4 y 5 y los vehículos sin etiqueta permanecerán generalmente inmovilizados. La regla se aplica dentro del área delimitada por la A86. La propia autopista seguirá siendo transitable. La policía se encargará de los controles y las infracciones serán sancionadas con multas.
No obstante, el Estado establece excepciones. Los vehículos de emergencia, el transporte público, los taxis, los vehículos de personas con discapacidad y ciertos grupos profesionales con permisos especiales podrán seguir circulando. Sin flexibilidad no se puede, especialmente en una región donde millones de personas deben desplazarse diariamente al trabajo, a la escuela o al médico.
¿Pero qué significa esto para la vida cotidiana?
Muchos y muchas desplazándose diariamente tendrán que reorganizarse. El metro, RER, autobús, bicicleta o compartir coche se vuelven opciones aún más importantes. Es molesto, claro. Quienes ya están sudando en el andén por la mañana no necesitan un extra de burocracia. Sin embargo, la medida apunta a un objetivo concreto: menos contaminantes en el aire, menos carga para los pulmones y el sistema circulatorio.
Especialmente precavidos deben estar los ancianos, niños, embarazadas y personas con problemas respiratorios o cardiovasculares. Las autoridades recomiendan evitar esfuerzos físicos en las horas más calurosas, beber suficiente, buscar sombra y preferir espacios frescos. Un pequeño paseo a la hora equivocada puede sentirse en estas condiciones meteorológicas como correr un maratón dentro de una panadería.
¿Y cuánto puede lograr esta medida en un día abrasador?
A corto plazo, la regulación del tráfico reduce parte de las emisiones. No resuelve todo el problema, pero actúa donde las autoridades pueden reaccionar rápidamente: en el tráfico. En Île de France, este instrumento ya forma parte fija del plan para mejorar la calidad del aire. Siempre que se amenace con alta contaminación, se aplica.
Si la regulación seguirá vigente más allá del viernes dependerá de cómo evolucionen las circunstancias. Las instituciones pertinentes observan continuamente la calidad del aire y la situación meteorológica. Así, París afronta un fin de semana bajo vigilancia: menos motores, más precaución y la esperanza de que el aire vuelva a sentirse pronto más liviano.
Un artículo de M. Legrand