Verano, sol, Atlántico: pero en las playas de Lacanau reina actualmente la máxima precaución. Las autoridades han declarado el nivel de alerta más alto para amplias zonas de la costa atlántica francesa por las llamadas baïnas. Estas engañosas corrientes marinas se cuentan entre los mayores peligros naturales de la región y pueden arrastrar a nadadores experimentados mar adentro en cuestión de segundos.
La razón de esta advertencia extraordinaria es la combinación actual de mareas, viento y fuerte oleaje. Estas condiciones favorecen corrientes de retorno especialmente intensas. Además de Lacanau, también se ven afectadas las franjas costeras de los departamentos de Gironde, Landes, Pyrénées-Atlantiques y Charente-Maritime. Las autoridades hablan de un riesgo máximo y hacen un llamamiento enérgico a los bañistas para que entren al agua únicamente en las zonas vigiladas entre las banderas señalizadas.
El peligro no es en absoluto teórico. Ya en mayo, dos personas murieron en las playas de Lacanau y Lège-Cap-Ferret tras ser arrastradas por una baïna. En el transcurso de pocos días, los equipos de rescate acudieron más de 30 veces para liberar a nadadores de las peligrosas corrientes. Estas intervenciones ponen de manifiesto lo rápido que un día de playa despreocupado puede convertirse en una situación que pone en peligro la vida.
Las baïnas se forman por depresiones naturales en la arena entre la playa y los bancos de arena situados frente a la costa. Durante la marea baja, estos vasos se llenan de agua. Con la llegada de la marea alta, el agua acumulada fluye de regreso al mar a través de canales estrechos. Se generan así corrientes fuertes que discurren en sentido perpendicular a la costa y pueden arrastrar todo lo que encuentren a su paso. Lo más insidioso es que la superficie del agua suele parecer tranquila e inofensiva; precisamente eso hace que el peligro sea tan difícil de detectar.
Por ello, los servicios de salvamento desaconsejan encarecidamente bañarse fuera de las zonas vigiladas. Los niños deben estar siempre acompañados de forma atenta, y hasta los nadadores experimentados deberían evaluar realísticamente sus fuerzas. Quien, aun así, entre en una baïna debe mantener la calma y en ningún caso intentar nadar directamente contra la corriente. Es más eficaz nadar en paralelo a la costa hasta que la succión disminuya. Después, la vuelta a la playa resulta mucho más fácil. Si la fuerza propia no es suficiente, unas señales con la mano claras ayudan a atraer la atención de los socorristas.
Con las temperaturas veraniegas, numerosos turistas se desplazan actualmente a la costa atlántica. Precisamente el elevado número de bañistas, unido a las peligrosas condiciones marinas, aumenta considerablemente el riesgo de accidente. Por ello, las enérgicas advertencias de las autoridades merecen especial atención. Quienes sigan las indicaciones y se bañen únicamente en playas vigiladas reducen notablemente el riesgo y contribuyen a que las vacaciones no queden ensombrecidas por una tragedia evitable.
Autor: C.H.