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Nachrichten.fr · 14/05/2026

Ciervos ebrios en las carreteras de Borgoña: por qué la Gendarmería pide ahora precaución

La advertencia suena al principio como una curiosa noticia del verano. Pero en la región francesa de Saône-et-Loire la policía y las autoridades se toman el asunto muy en serio. La Gendarmería pide actualmente a los conductores que extremen la precaución —por supuestos «ebrios» ciervos que se desplazan desorientados por carreteras y linderos de bosques.

En realidad, detrás de la inusual advertencia hay un fenómeno completamente natural. En bosques, huertos tradicionales y zonas rurales hay en estos momentos numerosas frutas que caen al suelo. Manzanas, peras o ciruelas comienzan a fermentar pasados unos días, especialmente con temperaturas suaves y tiempo húmedo. Se forma alcohol —no en grandes cantidades, pero aparentemente lo suficiente como para desestabilizar a los animales salvajes.

Quien haya pasado por un antiguo huerto en otoño conoce ese olor dulce y pesado de la fruta fermentada. Para los ciervos, sin embargo, parece ser algo bastante embriagador.

Varios conductores han informado en los últimos días de animales que de repente corrían por la calzada, permanecían inmóviles al borde de la carretera o cambiaban de dirección de forma descontrolada. La Gendarmería local describe el comportamiento como impredecible. Sobre todo a primeras horas de la mañana o al anochecer, esto aumenta considerablemente el riesgo de graves accidentes con fauna.

Y las cifras detrás de esto no son para tomarlas a la ligera. Cada año se producen en Francia varios miles de colisiones entre vehículos y animales salvajes. Los ciervos están especialmente implicados. Reaccionan con rapidez, suelen saltar de forma inesperada a la carretera y resultan difíciles de prever. Si además un animal se encuentra desorientado por haber ingerido frutas fermentadas, el riesgo aumenta de forma notable.

Por ello las autoridades recomiendan reducir la velocidad en zonas boscosas y tomarse en serio las señales de aviso por cruce de animales. Las luces largas pueden ayudar a detectar a los animales con antelación —siempre que el tráfico en sentido contrario lo permita. Al mismo tiempo, los efectivos advierten de que ante la aparición súbita de fauna no se debe maniobrar de forma brusca. Una maniobra precipitada con el volante suele resultar más peligrosa que la colisión misma.

Detrás de esta curiosa historia, sin embargo, hay además un contexto más amplio. Expertos observan desde hace años que los encuentros entre animales salvajes y la infraestructura humana aumentan. Los bosques lindan cada vez con más frecuencia directamente con zonas residenciales o con carreteras rápidas. Al mismo tiempo, las temperaturas más suaves y periodos de vegetación más largos cambian el comportamiento de muchas especies. La naturaleza se acerca al ser humano —a veces, literalmente, hasta el capó del coche.

En las redes sociales la advertencia de la Gendarmería se difundió a gran velocidad. No faltaron los comentarios sobre «noches de juerga» de los ciervos borgoñones o «catas de vino animales». Al parecer, un poco de humor de taberna de pueblo forma parte del asunto.

Pero los agentes dejan claro: un animal salvaje desorientado no es una broma. Para los conductores, tanto como para los propios animales. La inusual advertencia pretende, sobre todo, evitar una cosa: que de una historia pintoresca surja de repente un accidente grave.

Por C. Hatty