Teherán – 22.06.2026: Dentro del liderazgo iraní existe un amplio consenso sobre un nuevo acuerdo de paz con EE. UU., pero los más duros, especialmente los llamados “Preocupados” (“delvapasan”), lo rechazan categóricamente. En las grandes cis de Teherán y Mashhad se produjeron manifestaciones contra negociadores como el ministro de Exteriores Abbas Araghchi y el presidente del Parlamento Mohammad Bagher Ghalibaf. Estos movimientos evidencian la tensión dentro del régimen para convencer a sus partidarios más radicales de aceptar el acuerdo.
Los duros están liderados por el Frente de Estabilidad de la Revolución Islámica bajo el ex negociador nuclear Saeed Jalili. Abogan por la resistencia en lugar de los compromisos, argumentan con las recientes confrontaciones de Irán con Israel y EE. UU. y consideran inaceptable el acuerdo. Sin embargo, su influencia parece estar disminuyendo, ya que los Guardianes de la Revolución apoyan el acuerdo y lo promueven como un éxito estratégico.
El liderazgo iraní en su conjunto fomenta el acuerdo como una ganancia geopolítica. Los medios controlados por el Estado destacan sobre todo las concesiones limitadas de EE. UU., como el paso temporal por el estrecho de Ormuz. Mojtaba Khamenei, hijo del Líder Supremo, supervisa el proceso de negociación en segundo plano, aunque no esté presente públicamente. Los expertos interpretan esto como un indicio de la marginalización creciente de los duros radicales, especialmente con vista a las próximas elecciones parlamentarias de 2028.
La opinión pública en Irán está dividida. Muchos dudan de la durabilidad del acuerdo, dado que EE. UU. ya se había retirado unilateralmente del acuerdo nuclear en 2018. Los críticos acusan a ambas partes de no haber evitado guerras. Mientras algunos consideran el acuerdo un símbolo de éxito diplomático, otros lo ven como una concesión peligrosa. Las protestas en cis como Mashhad y Teherán reflejan el rechazo de círculos conservadores que acusan a los negociadores de traicionar a los mártires caídos en el conflicto.
Existen preocupaciones de que beneficios económicos como fondos liberados puedan canalizarse hacia unidades paramilitares o aliados como Hezbollah. Además, se critica la falta de compromiso para mejorar la situación de los derechos humanos. La sociedad está dominada por la desconfianza y la polarización política.
El régimen enfrenta el desafío de ganarse a sus más acérrimos duros para el acuerdo. Los Guardianes de la Revolución actúan como defensores, pero el debate público sigue siendo tenso. El desarrollo político futuro influirá en si el acuerdo contribuye a la estabilización a largo plazo de la región o intensifica las tensiones internas.
A nivel internacional, la comunidad mundial observa con atención los acontecimientos, ya que el acuerdo podría tener un impacto profundo en la dinámica de Oriente Medio. Los próximos meses serán cruciales para evaluar el futuro de este complejo proceso de paz.
Fuentes
- Le Monde
- El Pais