Los primeros avistamientos del año infunden confianza entre los conservacionistas. Varias osas pardas recorren distintas regiones de los Pirineos acompañadas de sus crías por la cordillera. La descendencia demuestra que la población continúa reproduciéndose con éxito — una señal alentadora para una especie que, hace apenas unas décadas, estuvo al borde de desaparecer en estas montañas.
A principios de los años 90 la situación se consideraba dramática. Sólo vivían entonces unos pocos osos pardos autóctonos en valles remotos de los Pirineos. Para evitar la extinción, Francia puso en marcha un programa de reintroducción. Varios osos procedentes de Eslovenia encontraron un nuevo hogar en la cordillera fronteriza. Su bagaje genético se asemeja al de los antiguos osos pirenaicos y contribuyó a estabilizar la población.
Hoy vuelven a vivir más de 80 osos pardos en los Pirineos. Su área de distribución se extiende por Francia, España y Andorra. Cada nueva camada aporta indicios valiosos de que las poblaciones siguen evolucionando y de que las medidas de protección están dando resultados.
Las crías suelen nacer en pleno invierno. Mientras la madre apenas abandona la madriguera, los oseznos, que al principio pesan solo unos pocos cientos de gramos, van creciendo. No es hasta la primavera o el inicio del verano cuando salen junto a la madre y aparecen por primera vez ante los ojos de investigadores o excursionistas. Aun así, su inicio en la vida es duro. Condiciones climáticas severas, una oferta de alimentos limitada o peligros naturales hacen que no todas las crías lleguen a superar los primeros años de vida.
A pesar de la evolución positiva, el regreso del oso pardo sigue siendo controvertido. Sobre todo los pastores de ovejas se quejan una y otra vez por ataques a sus rebaños, especialmente durante los meses de verano en los pastos de altura. Perros guardianes del ganado, pastores adicionales, reunir los animales por la noche y las indemnizaciones por los daños ocasionados alivian algunos conflictos, pero no los resuelven por completo.
Desde la perspectiva de la conservación, el oso pardo cumple una función importante en el ecosistema montano. Como omnívoro, dispersa semillas, aprovecha carroñas y contribuye al ciclo natural de la materia. Al mismo tiempo, los científicos advierten contra sobrestimar la recuperación de la población. El número de animales sigue siendo relativamente reducido y su diversidad genética limitada. A ello se suman los cambios en el hábitat provocados por el turismo, proyectos de infraestructuras y el cambio climático.
Por eso, la camada de este año no solo representa un éxito alentador en la conservación de la especie. También simboliza la esperanza de que los animales salvajes amenazados, con un compromiso a largo plazo y la colaboración transfronteriza, recuperen de forma duradera su lugar en la naturaleza europea.
Autor: C.H.