París – 28.06.2026: Ante temperaturas exteriores extremadamente altas, el cuerpo humano responde con diferentes mecanismos para regular la temperatura corporal. Un proceso central es la vasodilatación, en la que los vasos sanguíneos se expanden para aumentar la liberación de calor. Además, el cuerpo comienza a sudar para disipar el calor mediante la evaporación. Sin embargo, estas adaptaciones no están exentas de riesgos.
Un problema frecuente con el calor extremo es la deshidratación. A través de la sudoración intensa, el cuerpo pierde no solo agua sino también minerales importantes. Una pérdida de líquidos de solo dos a tres por ciento del peso corporal puede afectar considerablemente el rendimiento físico y mental. Los síntomas de deshidratación incluyen, entre otros, mareos, dolores de cabeza y debilidad general.
Otro riesgo es el colapso por calor, que se produce por una rápida caída de la presión arterial debido a la dilatación de los vasos sanguíneos. Las personas afectadas pueden experimentar síntomas como mareos, náuseas y alteraciones de la conciencia. En tales casos, es importante llevar a la persona a la sombra, elevar las piernas y proporcionar refrigeración.
Con temperaturas altas persistentes, los mecanismos propios del cuerpo para enfriarse pueden sobrecargarse, lo que puede derivar en un golpe de calor. Esta condición es potencialmente mortal y se manifiesta por una temperatura corporal superior a 40 grados Celsius, piel caliente y seca, confusión y pulso acelerado. Ante la sospecha de un golpe de calor, se debe llamar inmediatamente a los servicios de emergencia y enfriar a la persona afectada.
Especialmente vulnerables son las personas mayores, los niños y quienes padecen enfermedades crónicas. Estos grupos deben extremar las precauciones en días calurosos y tomar descansos frecuentes en espacios frescos. Se recomienda consumir suficiente líquido, preferentemente agua o bebidas isotónicas, y evitar esfuerzos físicos durante las horas más calurosas del día.
Además, la ropa en épocas de calor debe ser ligera, holgada y de materiales transpirables para facilitar la disipación del calor. La protección solar mediante sombreros, paraguas o ropa protectora previene el estrés adicional por calor. Las habitaciones climatizadas pueden ayudar a aliviar la situación, pero no deben provocar cambios bruscos de temperatura respecto al ambiente exterior para evitar problemas circulatorios.
La temperatura ambiental también afecta el sueño; las altas temperaturas pueden provocar trastornos del sueño, lo que perjudica la recuperación y el sistema inmunológico. Por eso, es esencial una hidratación adecuada, un lugar fresco para dormir y ampliar los tiempos de descanso.
En resumen, es fundamental tomar en serio las señales de advertencia del cuerpo y actuar a tiempo para limitar las consecuencias de la exposición a calor extremo. Con una prevención adecuada se pueden reducir eficazmente riesgos como la deshidratación, el colapso por calor y el golpe de calor.
Fuentes
- Allianz Gesundheitswelt
- NDR
- DocMorris
- Gesundheitswirtschaft.at