Apenas uno cree que el debate está finalmente cerrado, el mismo espectáculo comienza de nuevo. Otra vez se vota si pesticidas, que por buenas razones fueron prohibidos, quizá podrían ser ahora una idea brillante. Como si la química, la biología o las leyes de la naturaleza hubieran cambiado de la noche a la mañana.
Spoiler: No lo han hecho.
Acetamiprid sigue siendo un pesticida. Flupyradifuron sigue siendo un pesticida. Y los pesticidas no se vuelven más inocuos solo porque una mayoría parlamentaria levante la mano. No pierden ni su efecto sobre los insectos ni sus posibles riesgos para el medio ambiente y la biodiversidad porque se los incluya en una nueva ley o se los envuelva con términos sonoros como “regla excepcional”.
¿Cuántas veces vamos a jugar a esto?
Durante años se ha debatido sobre la desaparición de los insectos. Los científicos advierten sobre la pérdida de biodiversidad. Las abejas desaparecen, los insectos silvestres se reducen dramáticamente, ecosistemas enteros pierden el equilibrio. Al mismo tiempo lamentamos la pérdida de biodiversidad, invertimos millones en programas de conservación y plantamos franjas de flores. Y entonces, puntualmente, aparece la siguiente propuesta de volver a usar precisamente las sustancias que pueden contribuir a este problema.
Es como querer apagar un incendio —y de vez en cuando seguir echando gasolina.
Por supuesto, muchos agricultores están bajo una presión económica enorme. No recae solo sobre ellos la responsabilidad. La política, el comercio y los consumidores exigen los más altos estándares medioambientales y, al mismo tiempo, esperan alimentos a precios que a menudo apenas cubren los costes de producción. Este dilema es real y merece soluciones.
Sin embargo, la respuesta no puede ser en serio: ¿entonces vamos a recuperar simplemente los pesticidas antiguos?
¿Qué viene después? ¿Amianto porque los aislantes modernos son más caros? ¿O gasolina con plomo porque el motor funciona tan bien con ella?
Una y otra vez se argumenta que otros países europeos finalmente también emplean estos productos. ¿Desde cuándo “los demás también lo hacen” es un concepto político viable? Según esa lógica habría que cuestionar cada norma ambiental o sanitaria mientras en cualquier lugar del mundo existan estándares más bajos.
El progreso no significa repetir errores antiguos. El progreso significa desarrollar mejores soluciones: variedades resistentes, métodos de protección de cultivos biológicos, investigación moderna y una agricultura que sea económicamente viable sin seguir erosionando las bases naturales de la vida.
Sin embargo, a veces da la impresión de que algunos responsables solo piensan hasta la próxima cosecha, mientras las consecuencias para los suelos, las aguas y la biodiversidad se dejan a las generaciones venideras.
Por eso una pregunta sencilla:
¿Cuándo van a entender por fin que los pesticidas no se vuelven mejores solo porque una y otra vez alguien vote a favor?
Un comentario de Andreas M. Brucker