Mientras en otros lugares crece la anticipación por un Mundial de Fútbol, con banderas en las ventanas y cis planificando zonas públicas para aficionados, Clermont-Ferrand toma un camino notablemente diferente. La capital de Auvernia se prepara para el torneo con un paquete de medidas que principalmente transmite un mensaje claro: la seguridad tiene prioridad por encima del ambiente festivo.
El detonante para esta postura inusualmente estricta fueron los disturbios de las últimas semanas. Tras el triunfo del Paris Saint-Germain en la Champions League, se produjeron escenas violentas, daños materiales y enfrentamientos con la policía en varias cis francesas. A principios de junio, las autoridades volvieron a registrar disturbios. Esas experiencias dejaron una huella profunda.
Ante este contexto, la administración municipal, la prefectura, la policía y la justicia desarrollaron un concepto que se encuentra entre las medidas más severas en Francia alrededor del Mundial de Fútbol 2026.
Especialmente llamativa es el toque de queda nocturno para menores de 16 años. En el centro ampliado de la ciudad, especialmente alrededor de la Place de Jaude, los jóvenes no podrán circular entre las 23:00 y las 7:00 sin la compañía de un adulto durante el torneo. Quienes infrinjan esta regla enfrentarán una multa de 150 euros.
El alcalde Julien Bony defiende esta decisión en base a la protección de los jóvenes y la responsabilidad de los padres. Según las autoridades, los menores tuvieron un papel considerable en los disturbios recientes. El toque de queda busca evitar que los adolescentes se vean involucrados o participen en escenas violentas nocturnas.
Igualmente destacable es la postura de la ciudad respecto a las transmisiones públicas. Mientras en muchos sitios las pantallas grandes y las áreas para fans son el corazón del torneo, Clermont-Ferrand renuncia por completo a tales ofertas.
No habrá zonas para aficionados. No habrá pantallas gigantes en espacios públicos.
Ni siquiera una posible llegada de la selección nacional francesa a la final cambiaría esta decisión.
En cambio, las pantallas de televisión en bares y restaurantes deben estar dispuestas de manera que solo los clientes dentro del local puedan verlas. Las autoridades quieren evitar que se formen grandes multitudes de forma espontánea en calles y plazas. Precisamente esas concentraciones son consideradas por las fuerzas de seguridad como puntos de origen potencial de disturbios posteriores.
A esto se suman otras restricciones. Se planean prohibiciones de aglomeraciones grandes en áreas sensibles, así como reglas más estrictas para el consumo de alcohol en espacios públicos. También fuegos artificiales y las llamadas baterías de mortero están siendo vigiladas estrechamente por las autoridades. Ya jugaron un papel central en disturbios anteriores.
Otro tema que sorprende a primera vista es el óxido nitroso. Esta sustancia inicialmente conocida como una broma en fiestas fue detectada en varios incidentes y también está en el foco de las autoridades. Policía y fiscalía anuncian además una sanción rápida para los posibles delitos. Quienes actúen violentamente durante el Mundial deberán enfrentar juicios sin demora.
Esta evolución muestra cuán cambiada está la percepción de los grandes eventos deportivos. Hace apenas algunos años, los Mundiales de Fútbol representaban celebraciones desenfrenadas, emociones compartidas y entusiasmo público. Las cis competían por ofrecer las fanmeilen más grandes y los lugares de transmisión más espectaculares.
Hoy en día, en muchos sitios predomina otra pregunta: ¿cómo controlar los riesgos de seguridad?
Clermont-Ferrand da una respuesta clara a esta interrogante. Los responsables apuestan por la prevención, la disuasión y reglas estrictas. Los críticos ven en ello una limitación a la vida pública y la atmósfera festiva, mientras los defensores consideran estas medidas una consecuencia necesaria de las experiencias de los últimos meses.
Si esta línea dura realmente ayuda a prevenir disturbios se verá durante el transcurso del torneo. Lo que ya es seguro es que en Clermont-Ferrand la Copa Mundial de Fútbol se considera menos una fiesta callejera y más un desafío en materia de seguridad. Actualmente, el temor a nuevos episodios violentos supera la anticipación por el evento futbolístico más importante del mundo.