Donde antes se producía y almacenaba munición, pronto brillarán módulos solares al sol. En Salbris, Francia, en el departamento de Loir-et-Cher, se está construyendo un parque solar en un antiguo terreno militar que es más que un proyecto energético convencional. La planta fotovoltaica planificada representa un cambio que llega profundamente a las consideraciones estratégicas del Estado.
El proyecto contempla una potencia de 42 megavatios pico. La instalación se operará durante un periodo de tres décadas. Particularmente notable: la electricidad generada no se destinará principalmente a la red general, sino que será comprada directamente por el Ministerio de Defensa francés. Según los planes actuales, la instalación podría cubrir a partir de 2030 alrededor del cuatro por ciento del consumo anual de electricidad del ministerio.
A primera vista, parece otro capítulo de la transición energética. Sin embargo, el terreno cuenta una historia mucho más larga.
Desde la década de 1930, el sitio desempeñó un papel importante para la industria armamentística francesa. Durante décadas, allí se fabricaron municiones y equipamiento militar. En los años 80, trabajaban hasta 840 personas en el lugar. Cuando la operación se cerró a principios de los años 2000, qan alrededor de 200 empleados. Después quedó un área marcada por su pasado industrial y que en parte se considera contaminada.
Precisamente estos sitios están cada vez más en el foco de los desarrolladores de proyectos. Ofrecen grandes superficies que a menudo sólo son aptas de forma limitada para vivienda o agricultura. Las plantas solares aparecen aquí como una solución pragmática. Un lugar de producción militar se convierte en una fuente de energía sostenible, un tipo de reciclaje industrial al aire libre.
Pero no es tan sencillo.
El debate público alrededor del proyecto muestra lo compleja que sigue siendo la transición energética incluso donde las condiciones iniciales parecen favorables. Los vecinos y grupos ecologistas han planteado preguntas sobre posibles impactos en humedales. También se han debatido riesgos de incendios forestales y alteraciones en el paisaje. Estas discusiones ahora acompañan a muchos grandes proyectos energéticos en Francia. El deseo de generar electricidad climáticamente amigable choca regularmente con intereses locales y requerimientos de protección ecológica.
La importancia política del proyecto radica precisamente en esto. El Ministerio de Defensa describe la planta como una contribución a la resiliencia financiera. Tras este término se oculta una idea clara: quien puede asegurar parte de su electricidad a largo plazo a precios predecibles, se hace menos dependiente de las fluctuaciones en los mercados energéticos. Las crisis energéticas de los últimos años han mostrado lo rápido que el aumento de precios puede afectar los presupuestos estatales.
Así, el ejército francés considera la energía cada vez más como un recurso estratégico. Antes, carros de combate, aviones y depósitos de munición eran el centro de la planificación de seguridad. Hoy en día, el suministro eléctrico, la gestión de espacios y los contratos energéticos a largo plazo también cobran protagonismo. La capacidad de defensa moderna no termina en la puerta del cuartel.
Salbris se convierte así en un pequeño símbolo de un cambio mayor. Un antiguo terreno de municiones se transforma en una fuente de electricidad. De un área que en su día sirvió a la producción militar, surge un pilar para la independencia energética del Estado. Así, la transición energética llega a un ámbito que durante mucho tiempo se consideró una clásica esfera del poder estatal, y demuestra que la soberanía estratégica en el siglo XXI cada vez más se apoya también en módulos solares.
Andreas M. Brucker