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Nachrichten.fr · May 22, 2026

Cuando el oftalmólogo se convierte en un lujo

Quien necesite una cita con el oftalmólogo en el departamento francés de Gers, necesita sobre todo una cosa: paciencia. Cinco meses de espera, en algunas comunas incluso más, ya no son una excepción allí. Para muchos, esto suena inicialmente como un problema provincial, como uno de esos pequeños contratiempos de la vida rural. Pero la mirada detrás de los números cuenta otra historia. Una historia sobre un sistema de salud que, aunque debería pertenecer a todos, cada vez depende más del lugar de residencia.

El término «désert médical» lleva años usándose en Francia. Desierto médico. Suena drástico, casi como una exageración. Sin embargo, en Gers la palabra resulta aterradoramente precisa. Porque no solo faltan médicos. Faltan médicos accesibles, franjas horarias, rutas que las personas mayores todavía puedan recorrer.

Y ahí comienza el verdadero problema.

Recoger unas gafas nuevas un poco más tarde —no es grave. Pero las enfermedades oculares no respetan las listas de espera. Un glaucoma incipiente, por ejemplo, actúa silenciosamente como un carterista en la oscuridad. Las enfermedades de la retina o la degeneración macular relacionada con la edad tampoco admiten dilación. Quien espere meses para un examen, corre el riesgo de perder algo que no puede repararse: la vista.

Las personas mayores se ven especialmente presionadas. Muchas viven solas en el campo, ya no conducen o dependen de conexiones de autobús poco frecuentes. Ir al especialista en Toulouse o Tarbes se siente rápidamente como una pequeña expedición. ¿Ir al médico en un momento? Más bien no.

Con ello, Francia experimenta una silenciosa división en su sistema sanitario. Mientras en las metrópolis crecen los centros de especialistas y modernos consultorios compiten por pacientes, las zonas rurales luchan por cada consulta libre. Los médicos se establecen donde la infraestructura, las condiciones laborales y los ingresos son más atractivos. Es humano, pero para quienes viven en el campo es amargo.

Las autoridades intentan contrarrestarlo. Consultas adicionales, programas de apoyo, servicios móviles. Todo sensato, bien intencionado. Pero muchas iniciativas parecen hasta ahora como un parche para una herida más profunda. Porque el problema básico persiste: los jóvenes especialistas rara vez se sienten atraídos por las regiones poco pobladas. Quien estudió durante años suele buscar también redes profesionales, hospitales modernos, vida cultural y horarios laborales planificables. Gers ofrece mucha tranquilidad, mucho paisaje, pero no siempre las condiciones que hoy esperan los médicos.

Además, hay un efecto demográfico. Numerosos oftalmólogos de la generación anterior se jubilan y faltan sucesores. De repente, desaparece la única consulta en un radio de cincuenta kilómetros.

Todo esto muestra cuán frágil se ha vuelto el principio republicano de igualdad. Sobre el papel, cada francés tiene el mismo acceso a la atención sanitaria. En la realidad, cada vez más decide el código postal cuán rápido se puede recibir ayuda.

El oftalmólogo como un bien de lujo —suena duro. Para muchas personas en la Francia rural, simplemente describe su día a día.

Por C. Hatty