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Nachrichten.fr · May 26, 2026

Cuando los halcones sobrevuelan Troyes: el regreso de los cazadores a la ciudad

Durante mucho tiempo, las zonas céntricas pertenecieron a las palomas. Se posaban en cornisas, asediaban estaciones de tren, revoloteaban sobre las plazas del mercado y convertían las fachadas históricas en su residencia personal. En muchas ciudades francesas esto casi parecía una ley natural. Pero en Troyes ahora se cierne otra sombra por el cielo: la del halcón peregrino.

Y esa sombra altera el orden conocido.

En la catedral de la ciudad ahora vive oficialmente una pareja de halcones. Muy alto, a más de cuarenta metros del suelo, incluso se instaló una caja nido. A primera vista, esto parece romántico, casi como un pequeño regreso de la naturaleza salvaje entre las torres góticas y los antiguos tejados. Pero detrás de ello se esconde una política urbana muy dura.

Porque las palomas cuestan dinero. Mucho dinero.

Sus excrementos dañan las fachadas de piedra, ensucian las plazas y deterioran edificios históricos. Los municipios invierten cada año sumas enormes en limpieza y mantenimiento. Especialmente en ciudades con arquitectura protegida como patrimonio, los costos se acumulan rápidamente. Por eso la idea suena bastante lógica: ¿por qué no traer de vuelta al enemigo natural?

El halcón peregrino es perfecto para ello. Es considerado uno de los cazadores más rápidos del mundo y provoca inquietud entre las palomas solo con su presencia. Los expertos hablan del llamado “efecto disuasorio”. Las aves perciben un peligro constante, modifican sus rutas de vuelo y poco a poco abandonan ciertas zonas. No es necesario capturarlas masivamente ni recurrir a controvertidos programas de esterilización; en cambio, la naturaleza regula el problema por sí misma. Bastante inteligente, en realidad.

Especialmente impresionante es la historia de este regreso. En la década de 1970, el halcón peregrino estuvo al borde de la extinción en Francia. Los pesticidas y la destrucción de los hábitats diezmaron la población de forma masiva. Hoy en día, este ave rapaz redescubre justamente las ciudades. Y biológicamente tiene sentido: las altas torres de iglesias, los modernos rascacielos o las instalaciones industriales se parecen a los acantilados rocosos donde antes anidaban los animales.

La ciudad reemplaza a la montaña.

Algunos habitantes observan a los halcones con casi una emoción infantil. Los ornitólogos se colocan con prismáticos en las plazas, las familias se detienen frente a la catedral para mirar hacia arriba. Esto también cambia la percepción de la ciudad misma. Entre el asfalto, el tráfico y el cemento, vuelve a surgir la sensación de que la naturaleza no solo existe en el campo.

Probablemente ahí radica la verdadera fascinación. El halcón peregrino es más que un elegante controlador de plagas. Representa simbólicamente una nueva idea de urbanidad: una ciudad que no elimina completamente a los animales, sino que intenta vivir con ellos.

¿Y las palomas?

Ellas se están dando cuenta poco a poco de que el cielo sobre Troyes ya no les pertenece en exclusiva.

Andreas M. B.