París – 17.07.2026: Se puede arrugar, meter en el bolsillo de una chaqueta y volver a ponérselo tras una breve sacudida. Precisamente esta capacidad sin pretensiones ha convertido al bob, ese sombrero redondo y suave de ala pequeña, en un clásico del verano. Franceinfo dedica ahora al accesorio un episodio de su serie semanal de fin de semana “Culte”. El reportaje aborda un objeto que nunca llegó a desaparecer del todo y que, sin embargo, resulta sorprendentemente fresco.
El bob pertenece a esas prendas que la moda subestima durante mucho tiempo porque son demasiado prácticas. Da sombra sin dividir el campo de visión con la misma determinación que una gorra con visera, y afronta la lluvia con la misma serenidad que un mal día de peinado. Al borde del Tour de Francia se ha convertido en una imagen familiar de la cultura festiva popular: un sombrero para largas esperas, rayos de sol y pequeñas comunidades bulliciosas.
Sin embargo, su origen es menos inequívoco de lo que su forma sencilla sugiere. El término francés “bob” es explicado por el Centre national de ressources textuelles et lexicales como un diminutivo angloamericano de Robert; se dice que la palabra llegó a Francia con los soldados aliados durante la Primera Guerra Mundial. Al mismo tiempo, las historias de la moda remiten a sombreros blandos e impermeables de pescadores y campesinos de Irlanda. Al parecer, no existe un único inventor, y quizá esta imprecisión encaje con un sombrero que siempre ha oscilado entre el uso y el gesto.
En el ámbito anglófono se llama “bucket hat”, es decir, sombrero de cubo. Allí, la silueta también fue moldeada en el siglo XX por el equipamiento militar tropical y de campaña. Más tarde, la cultura hip-hop convirtió esta prenda funcional en un signo visible: raperos como LL Cool J y Run-DMC llevaban el bob no como una retirada hacia la discreción, sino como una actitud. A partir de entonces, el accesorio podía significar al mismo tiempo protección, pertenencia y puesta en escena personal.
En Francia, esta historia adquirió un tono propio. El dúo de rap PNL puso en escena el bob con tanta eficacia como el cantante Philippe Katerine, quien, con su inclinación por lo amablemente excéntrico, lo elevó prácticamente a la categoría de marca personal. En las pasarelas, el ala de tela se convirtió hace tiempo en un campo de experimentación: Dior presentó en la última colección de verano de Kim Jones modelos en tonos pastel confeccionados con fibras naturales, algunos adornados con perlas.
Que el bob vuelva a parecer hoy tan presente también dice algo sobre la moda contemporánea. Tras años de logotipos ostentosos y siluetas extragrandes, su corte modesto parece casi lujoso. No exige un peinado especial, una edad determinada ni una prueba de valentía estilística. Su encanto reside, por el contrario, en que no se toma demasiado en serio.
Quizá ese sea su secreto duradero: el bob se mueve sin esfuerzo entre el público deportivo, los prados de festivales, la playa y la alta costura. No es inequívocamente francés ni estadounidense, ni meramente nostálgico ni simplemente una tendencia. Un pequeño sombrero de tela que domina el gran arte de adaptarse a cada época sin perder la cabeza.
Fuentes
- Franceinfo
- Le Monde
- Centre national de ressources textuelles et lexicales
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