Quien piensa en bomberos en Marsella suele imaginar grandes incendios forestales. Pero los hombres y mujeres del Batallón de Marins-Pompiers hacen mucho más que intervenciones espectaculares contra las llamas. Día a día están listos para actuar cuando las personas necesitan ayuda — en las calles, en los hogares, en el puerto o incluso en el mar.
Los Marins-Pompiers de Marsella ocupan un lugar especial dentro de Francia. Su origen se remonta a una tragedia. En 1938, un incendio devastador destruyó los grandes almacenes Nouvelles Galeries en el centro de la ciudad. En aquel entonces, perdieron la vida 75 personas. La catástrofe reveló importantes deficiencias en el sistema de rescate vigente. En respuesta, el estado fundó un año después el Batallón de Marins-Pompiers.
Hasta hoy esta unidad posee un estatus único. Los efectivos pertenecen a la Marina francesa y, por lo tanto, llevan un uniforme militar. Al mismo tiempo, asumen las funciones de un cuerpo municipal de bomberos. Esta doble identidad define su día a día y los convierte en una peculiaridad dentro del panorama de seguridad francés.
Marsella cuenta con casi 900.000 habitantes. Se suman millones de turistas que cada año visitan esta metrópoli mediterránea. En consecuencia, es muy elevado el número de llamadas de emergencia. Los Marins-Pompiers realizan más de 120.000 intervenciones al año. Las llamadas de socorro se reciben las 24 horas, a veces a ritmo de minutos.
Sin embargo, quien cree que los bomberos acuden principalmente a incendios está equivocado.
La mayor parte de las intervenciones se relaciona con emergencias médicas. Colapsos circulatorios, caídas, accidentes de tráfico o accidentes domésticos definen la rutina de los rescatistas. A menudo, la actuación rápida decide entre la vida y la muerte. Para muchos cinos, los Marins-Pompiers no son solo bomberos, sino también los primeros auxiliadores en una situación de emergencia.
Marsella presenta además desafíos especiales para el cuerpo de bomberos. La ciudad alberga el puerto más grande de Francia. Diariamente entran y salen enormes barcos de carga. A esto se suman instalaciones petroquímicas, zonas industriales y extensas áreas naturales alrededor de la ciudad. Cada una de estas áreas conlleva sus propios riesgos.
Por eso, el Batallón cuenta con numerosas unidades especiales. Algunos equipos se ocupan de accidentes con materiales peligrosos y sustancias químicas. Otros vigilan posibles contaminaciones marinas o realizan intervenciones de buceo. Hay quienes combaten incendios forestales y de vegetación en las colinas que rodean la ciudad.
Especialmente durante los meses de verano, la tensión aumenta notablemente. Vegetación seca, altas temperaturas y viento fuerte convierten el paisaje rápidamente en un polvorín. Basta una pequeña chispa para que en pocos minutos las llamas se extiendan sobre grandes áreas. Entonces se revela toda la potencia del Batallón.
En incendios de gran magnitud, los Marins-Pompiers trabajan estrechamente con otros cuerpos de bomberos de la región. Cientos de efectivos, vehículos de extinción y aviones hidrantes son movilizados. El objetivo siempre es el mismo: proteger a las personas y detener la propagación del fuego.
Pero no solo las grandes catástrofes marcan su profesión.
A veces basta una única llamada de emergencia de una persona mayor que no puede levantarse después de una caída. En ocasiones rescatan a navegantes cerca de la costa o ayudan tras un accidente de tráfico en una carretera muy transitada. Precisamente esta diversidad hace que su servicio sea tan extraordinario. ¿Qué traerá la próxima alarma? Nadie conoce la respuesta.
En Marsella, los Marins-Pompiers llevan el cariñoso apodo de “marineros del fuego”. Difícilmente podría describirse mejor su tarea. Combinan la tradición marítima con el servicio moderno de rescate y ya forman parte integral del paisaje urbano.
Sea un incendio en vivienda, una emergencia médica, un siniestro marítimo o un incendio forestal, los cinos saben que la ayuda está en camino. A menudo solo se percibe su trabajo cuando suenan las sirenas. Sin embargo, cada día velan porque una de las cis más grandes de Francia sea segura.
Y ahí radica su verdadera fortaleza: no solo apagan incendios. Salvan vidas.
Un artículo de M. Legrand