Aviñón – 22.07.2026: A tres días del final oficial del Festival de Aviñón, su director, Tiago Rodrigues, ha trazado un balance provisional muy positivo. La 80. edición, que se prolongará hasta el 25 de julio, ha vuelto a transformar la ciudad de los papas en un lugar donde el teatro no solo se muestra, sino que se sigue pensando en conversaciones, colas y las suaves horas nocturnas.
La lengua coreana ocupa el centro de esta edición. El festival no concibe la lengua invitada cada año como un retrato decorativo de un país, sino como un punto de partida artístico: para textos teatrales, representaciones, lecturas y encuentros. La literatura coreana, su oralidad y sus vínculos con las artes escénicas reciben así un lugar visible en un evento que desde siempre se entiende como una ventana europea al mundo.
En el Cloitre Saint-Louis se ha instalado una exposición bibliotecaria dedicada a la literatura coreana. Fue concebida junto con el Centro Cultural Coreano y alude al mismo tiempo a los 140 años de relaciones diplomáticas entre Francia y Corea. No es un elemento secundario del programa, sino un acento discreto e inteligente: aquí, los libros se convierten en pasaportes que median entre lenguas y escenarios sin recurrir a una simbología estridente.
Rodrigues, director del festival desde 2023, prosigue así su visión de un Aviñón abierto y orientado internacionalmente. El director y dramaturgo portugués ha prorrogado entretanto su contrato hasta 2030. Su programación no busca un lema complaciente, sino fricción: obras que aborden al mismo tiempo cuestiones políticas, poéticas, íntimas y colectivas.
Sin embargo, la valoración positiva del director debe leerse como un balance provisional. El festival aún no ha terminado, por lo que no se dispone de cifras definitivas de visitantes ni de un balance económico final. Precisamente esta cautela forma parte de la particular dramaturgia de Aviñón: un festival que mantiene funciones hasta bien entrada la noche difícilmente puede medirse de forma concluyente ya al comienzo de la última semana.
La presencia tan destacada de la lengua coreana en Aviñón también tiene una dimensión de política cultural. Con ello, el festival pone el foco en un panorama artístico que, aunque recibe cada vez más atención en Francia, abarca mucho más que las imágenes habituales de las series, la música pop y el cine internacional. El teatro y la literatura muestran su propio ritmo: más preciso, más indócil y, a veces, felizmente intraducible.
Hasta el 25 de julio, el programa incluye más representaciones, encuentros y propuestas de mediación. Para Aviñón, se trata de un importante tramo final, aunque el verdadero balance deberá hacerse más adelante. Por ahora, queda la impresión de un festival que no exhibe su apertura internacional como un trofeo, sino que la entiende como una forma de trabajo, y que precisamente en ello encuentra su atractivo.
Fuentes
- Franceinfo
- Festival d’Avignon
- Le Monde
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