La visita de Emmanuel Macron a Damasco es mucho más que un viaje diplomático ordinario. Como primer jefe de Estado de una potencia occidental importante en viajar a Siria desde el derrocamiento de Baschar al-Assad a finales de 2024 y la toma del poder por parte del presidente de transición Ahmed al-Chareh, Macron envía una señal políticamente significativa.
La visita marca el final de un capítulo que comenzó en 2011, cuando Francia rompió todas las relaciones con el régimen de Assad tras la sangrienta represión del levantamiento popular. Durante más de una década, París estuvo entre las capitales occidentales más firmes en su trato con Damasco. Hoy, las condiciones geopolíticas han cambiado radicalmente.
Una estrategia francesa deliberadamente escogida
En realidad, Emmanuel Macron ha venido preparando este acercamiento durante varios meses. Ya en mayo de 2025 sorprendió a numerosos socios europeos al recibir a Ahmed al-Chareh en el Palacio del Elíseo y permitir así la primera visita oficial del nuevo jefe de Estado sirio en una capital occidental.
Entonces, esa decisión suscitó fuertes críticas, especialmente por el pasado yihadista del nuevo presidente sirio. No obstante, Macron defendió su línea con un argumento pragmático: Francia quería acompañar la transición política en lugar de dejar el terreno a potencias regionales o a Rusia. Con el viaje a Damasco, París persigue ahora de forma consecuente esa estrategia.
Paralelamente, Francia persigue varios objetivos al mismo tiempo.
En primer lugar, están los intereses de seguridad. París quiere asegurarse de que las nuevas autoridades sirias continúen su lucha contra las células restantes del “Estado Islámico” y mantengan la cooperación en materia de servicios de inteligencia.
En segundo lugar, se trata de influencia diplomática. Con la reanudación oficial de las relaciones con Damasco, Francia pretende consolidar su papel en una región cuyos equilibrios de poder se están reordenando.
Por último, la dimensión económica también desempeña un papel importante.
La reconstrucción en el centro
Según la presidencia siria, Emmanuel Macron estará acompañado por una delegación de inversores y representantes de grandes empresas francesas. El objetivo es ampliar la cooperación económica entre ambos países.
Tras quince años de guerra, Siria se enfrenta a una enorme tarea de reconstrucción. Se necesitarán inversiones en prácticamente todos los ámbitos: infraestructuras y transporte, suministro energético y telecomunicaciones, hasta el sector sanitario. A las autoridades francesas les consta que la competencia será intensa. Empresas de Turquía, China y los países del Golfo ya se han posicionado desde temprano.
Esta perspectiva económica explica también por qué varios Estados occidentales han reevaluado su política hacia Siria desde la flexibilización gradual de las sanciones europeas y estadounidenses.
Una normalización que sigue siendo frágil
Sin embargo, la visita se produce en un contexto difícil.
Solo unos días antes del anuncio oficial del viaje, un atentado con bomba en un café del centro de Damasco causó numerosas víctimas mortales. El ataque pone de manifiesto que la situación de seguridad en el país sigue siendo extremadamente frágil. Por razones de seguridad se suprimieron varios actos públicos originalmente previstos, entre ellos un paseo por el casco antiguo de Damasco.
Además, los nuevos gobernantes sirios siguen enfrentándose a fuertes críticas respecto a la protección de minorías religiosas y étnicas. Los actos de violencia contra comunidades alauitas y posteriormente drusas han generado dudas en numerosas capitales occidentales sobre si la nueva dirección es realmente capaz de construir un Estado inclusivo.
Por ello, Francia sigue una línea cautelosa: diálogo sí, pero sin una confianza incondicional.
Un mensaje a varias capitales
La visita tiene también una marcada dimensión internacional.
En primer lugar, la señal va dirigida a Washington. Aunque Estados Unidos también apoya la transición política en Siria, París quiere subrayar que mantiene un papel destacado en el expediente sirio y que no va a ceder la futura política del país exclusivamente a Washington.
El mensaje también está dirigido a Ankara, que es un actor central en Siria y donde Emmanuel Macron participará a continuación en la cumbre de la OTAN. Francia desea dejar claro que sigue siendo un interlocutor importante en las cuestiones de seguridad y geopolítica del Oriente Medio.
Y por último, la iniciativa está pensada para los socios europeos. Al tomar la iniciativa, el Gobierno francés espera ir moviendo gradualmente a la Unión Europea hacia una normalización controlada de sus relaciones con Damasco.
Una apuesta política
No obstante, esta estrategia no está exenta de riesgos.
Ahmed al-Chareh intenta presentarse como un estadista orientado a la reforma, capaz de estabilizar un país destrozado por la guerra. Sin embargo, su pasado y las dificultades persistentes de su Gobierno siguen alimentando reservas importantes entre muchos observadores.
Con su viaje a Damasco, Emmanuel Macron también pone en juego parte de su propia credibilidad política. Si el proceso de transición sirio conduce efectivamente a una estabilización duradera y a una mejor protección de todos los grupos de población, Francia podría reivindicar haber apoyado tempranamente ese cambio. Si, por el contrario, la situación empeora de nuevo, la política de apertura francesa probablemente será objeto de críticas aún mayores.
Lo que ya está claro hoy es esto: esta visita marca un importante punto de inflexión diplomático. Quince años después de la ruptura de relaciones entre París y Damasco, Francia vuelve oficialmente al escenario sirio. El viaje pone de manifiesto una constante de la política internacional: cuando cambian los equilibrios geopolíticos, los intereses estratégicos suelen imponerse sobre antiguas posiciones de principio.
Andreas M. Brucker