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Nachrichten.fr · July 7, 2026

En acción contra las llamas: los aviones Canadair de extinción vuelan al límite de lo posible

Tan pronto como en verano los primeros vapores de humo se elevan sobre los bosques del sur de Francia, comienza para las tripulaciones de los aviones Canadair de extinción una de las tareas más exigentes. Las llamativas máquinas rojo-amarillas son desde hace décadas un símbolo en la lucha contra los devastadores incendios forestales. Pero la temporada de incendios forestales de 2026 vuelve a mostrar que las operaciones comienzan cada vez antes y que los desafíos crecen año tras año.

Desde principios de julio se han desatado numerosos incendios en varias regiones de Francia. Especialmente afectadas están las Pyrénées-Orientales, el Gard, la Drôme y el Hérault. La sequía persistente, el calor extremo y vientos fuertes como la Tramontana y el Mistral impulsan las llamas a veces con sorprendente velocidad. En muchos casos, los aviones de extinción son los primeros en llegar al foco y conceden al personal sobre el terreno un tiempo valioso.

No existe rutina. Cada descarga de agua exige la máxima concentración y una precisión al milímetro. Las y los pilotos vuelan a menudo a menos de cincuenta metros de altura sobre terreno abrupto. El humo denso empeora la visibilidad en cuestión de segundos, mientras que el aire caliente ascendente genera turbulencias fuertes. A ello se suman cambios súbitos en la dirección del viento y la proximidad inmediata de las llamas. Cada operación requiere experiencia, decisiones rápidas y una confianza absoluta en todo el equipo.

Particularmente espectacular es lo que se conoce como toma de agua. Los Canadair se deslizan a alta velocidad sobre la superficie de un lago o del mar y llenan sus tanques en cuestión de segundos. Desde fuera este maniobra parece casi sin esfuerzo, pero cuenta entre las fases de vuelo más difíciles. Una ola inesperada, una embarcación en la superficie o una pequeña mala valoración pueden tener consecuencias graves.

En días especialmente intensos, las tripulaciones realizan varias docenas de vuelos. Tras cada descarga de agua se dirigen al siguiente lago o tramo costero adecuado, recogen más agua y regresan inmediatamente al incendio. Si estallan simultáneamente varios fuegos, las máquinas disponibles deben repartirse de forma dirigida. Entonces cada minuto decide qué incendio se combate primero.

Al mismo tiempo la flota francesa de aviones de extinción llega a sus límites. Oficialmente hay doce Canadair disponibles, pero no todas las máquinas están operativas en todo momento. Los trabajos de mantenimiento periódicos y las reparaciones necesarias reducen el número disponible. Algunas aeronaves ya se acercan al tercer decenio de servicio. Miles de despegues, tomas de agua y descargas dejan huellas claras en la técnica y la estructura. En particular, el agua de mar salada perjudica considerablemente a las máquinas.

Por ello Francia ha decidido el reemplazo gradual de la flota. Nuevos Canadair DHC-515 deberían sustituir a las aeronaves envejecidas. Los primeros ejemplares, sin embargo, no se entregarán hasta 2028, y los siguientes llegarán ya al comienzo de la próxima década. Hasta entonces la flota existente seguirá siendo la columna vertebral de la lucha aérea contra incendios.

Los Canadair nunca operan solos. Forman, junto con aviones Dash de extinción, helicópteros extinguidores, aviones de reconocimiento y los bomberos en tierra, un sistema de intervención estrechamente coordinado. Solo esa cooperación permite contener los incendios a tiempo y proteger eficazmente las localidades.

El cambio climático modifica las condiciones de forma evidente. Periodos de sequía más largos y olas de calor más frecuentes aumentan el riesgo de incendios forestales a gran escala. Para las tripulaciones esto supone más operaciones, cargas más largas y riesgos crecientes. Detrás de cada vuelo están mujeres y hombres que a diario arriesgan su vida para salvar bosques, pueblos y personas de las llamas. Su labor deja claro que la lucha contra los incendios forestales ya no se decide solo en tierra, sino también a gran altura sobre los fuegos.

Por Andreas M. Brucker