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Nachrichten.fr · July 26, 2026

Entre acercamiento y desconfianza: por qué París y Argel deben desactivar su crisis

(Mit Hilfe von KI erstellte Illustration).

Durante meses pareció desarrollarse de nuevo entre Francia y Argelia aquel conocido espectáculo diplomático que caracteriza las relaciones entre ambos Estados desde hace décadas: agravios públicos, reproches mutuos, medidas punitivas simbólicas y un lenguaje político que va mucho más allá de cuestiones concretas. Se retiraron embajadores, los ministros se expresaron con una frialdad demostrativa y los debates de política interior endurecieron aún más el tono. La crisis pareció por momentos otro punto bajo en una relación que, pese a los estrechos vínculos históricos, económicos y sociales, nunca llega a estabilizarse de forma duradera.

Sin embargo, ahora muchos indicios apuntan a que París y Argel intentan discretamente contener la escalada. No porque las diferencias hayan desaparecido. Más bien, crece en ambas partes la conciencia de que una confrontación permanente genera costes políticos y estratégicos considerables.

El conflicto del Sáhara Occidental como detonante

El detonante inmediato de la reciente crisis fue proporcionado por Emmanuel Macron en el verano de 2024 con un cambio de rumbo en política exterior de considerable alcance. Francia apoyó por primera vez de forma explícita el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental bajo soberanía marroquí. Para Rabat, esto fue un éxito diplomático de gran importancia simbólica. Para Argelia, en cambio, la decisión representó una provocación estratégica.

La cuestión del Sáhara Occidental forma parte de las líneas centrales de conflicto geopolítico de África del Norte. Argelia apoya desde hace décadas al Frente Polisario, que reclama un Estado saharaui independiente. Marruecos, en cambio, considera el territorio como parte integrante de su propio territorio nacional. Francia había intentado hasta ahora mantener cierto equilibrio entre ambas posiciones. Con el paso de Macron, Argel quedó de facto marginada.

El presidente Abdelmadjid Tebboune reaccionó en consecuencia con dureza. El embajador argelino fue retirado de París, los contactos diplomáticos se congelaron y las relaciones bilaterales se enfriaron hasta un nivel que parecía excepcional incluso en la relación históricamente conflictiva entre ambos países.

Una crisis con muchos niveles

Sin embargo, las tensiones no se limitaron a cuestiones geopolíticas. La crisis se convirtió rápidamente en una mezcla de conflictos de política migratoria, debates simbólicos de política interna y desconfianza mutua.

La detención del escritor franco-argelino Boualem Sansal en Argelia resultó especialmente gravosa. En Francia, el caso fue percibido como un ataque a la libertad de expresión y a los intelectuales críticos. A ello se sumaron disputas sobre influencers argelinos en Francia, debates sobre la expulsión de ciudadanos argelinos obligados a abandonar el país, así como el caso del crítico del régimen Amir DZ, cuyo presunto secuestro en suelo francés desencadenó nuevas acusaciones diplomáticas.

Paralelamente, se intensificó en Francia el debate interno sobre el acuerdo bilateral de migración de 1968. Este acuerdo concede a los argelinos en Francia normas de residencia parcialmente privilegiadas. Las fuerzas de derecha y conservadoras exigen desde hace años su rescisión y aprovechan cada crisis con Argel para movilizarse contra la política migratoria francesa.

Precisamente en ello se manifiesta la particularidad de las relaciones franco-argelinas: casi ninguna otra relación bilateral europea está tan marcada por la historia, las políticas de memoria y las cuestiones de identidad. Los conflictos entre París y Argel nunca permanecen puramente diplomáticos. Repercuten directamente en los debates internos de ambos países.

El pasado colonial sigue estando presente en la política

La fragilidad estructural de las relaciones tiene sus raíces profundas en la historia colonial. El dominio francés sobre Argelia duró de 1830 a 1962 y estuvo marcado por una violencia extrema. La guerra de Argelia causó cientos de miles de muertos y dejó traumas a ambos lados del Mediterráneo.

Hasta hoy no existe una narrativa histórica común sobre ese período. En Argelia, la lucha de liberación anticolonial constituye un componente central de la legitimación estatal. El recuerdo de la opresión colonial sirve regularmente a la dirigencia política como instrumento de movilización, especialmente en períodos de tensión económica o social.

También en Francia, Argelia sigue siendo un tema cargado de tensión política interna. Las cuestiones de migración, integración, identidad nacional y legado poscolonial están estrechamente vinculadas a la historia de Argelia. Por ello, cada crisis diplomática activa líneas de conflicto social dentro de la propia Francia.

Esta dimensión emocional explica por qué incluso cuestiones controvertidas limitadas pueden escalar rápidamente. Los intereses racionales y estratégicos suelen quedar eclipsados por conflictos simbólicos.

Por qué ambas partes apuestan por la desescalada

Sin embargo, pese a la retórica agresiva, ni en París ni en Argel existía un interés real en una ruptura duradera. Las dependencias mutuas siguen siendo considerables.

Francia sigue siendo uno de los socios comerciales más importantes de Argelia. Millones de personas viven entre ambos países por vínculos familiares, culturales o económicos. A ello se suman los intereses de seguridad: la inestabilidad en el Sahel, las redes islamistas en el norte de África y las cuestiones de migración mediterránea hacen que cierto grado de cooperación sea casi indispensable.

Por ello, incluso durante las tensiones diplomáticas más graves, se mantuvieron numerosos canales de comunicación. Entre bastidores, continuaron los contactos entre los servicios de seguridad y los asesores presidenciales.

Desde la primavera de 2025, muchos indicios apuntan a un cauteloso acercamiento. El Palacio del Elíseo ha vuelto a centralizar en mayor medida la política hacia Argelia. El ministro de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, intensificó los contactos diplomáticos, mientras que las conversaciones directas entre las administraciones presidenciales debían restablecer gradualmente la confianza.

Abdelmadjid Tebboune también redujo la confrontación personal con Macron. Tras una larga interrupción, ambos presidentes retomaron el contacto telefónico. Siguieron pasos simbólicos: el regreso gradual del embajador francés a Argel, la reanudación de determinadas cooperaciones en materia de seguridad y visitas ministeriales con un significado simbólico en la política de la memoria.

La importancia de la política de la memoria

Especialmente simbólica fue la participación francesa en los actos conmemorativos del 8 de mayo de 1945 en Sétif, Guelma y Kherrata. Mientras Francia celebraba entonces el fin de la Segunda Guerra Mundial, en Argelia las protestas anticoloniales fueron brutalmente reprimidas. Las masacres siguen considerándose hasta hoy uno de los traumas más determinantes de la historia nacional argelina.

París intenta ahora claramente crear nuevas bases para el diálogo mediante una confrontación más abierta con el pasado colonial. Macron lleva años siguiendo una estrategia cautelosa de reconocimiento histórico, aunque sin estar dispuesto a presentar disculpas oficiales exhaustivas. Con ello, Francia se mueve en política interior por una línea muy estrecha.

Para Argelia, a su vez, la memoria colonial sigue siendo un instrumento central de autodefinición nacional. Precisamente por ello, cada gesto simbólico de Francia tiene un enorme peso político.

Sin embargo, los problemas estructurales siguen sin resolverse. La cuestión del Sáhara Occidental continúa siendo un punto fundamental de conflicto geopolítico. Es probable que el debate migratorio francés se intensifique aún más con el ascenso continuado de los partidos de derecha. Y dentro del aparato de poder argelino sigue existiendo una profunda desconfianza hacia las intenciones a largo plazo de Francia.

Por ello, la actual distensión parece menos una verdadera reconciliación que un alto el fuego pragmático. Ambas partes parecen haber reconocido que la escalada permanente se está volviendo cada vez más contraproducente —económica, diplomática y en materia de seguridad—. Pero las causas más profundas del conflicto persisten.

Francia y Argelia permanecen así atrapadas en una relación paradójica: demasiado estrechamente vinculadas como para separarse de forma permanente, pero demasiado lastradas por la historia como para construir una relación verdaderamente estable. Cada acercamiento ya lleva en sí la semilla de la próxima crisis.

Autor: P. Tiko