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Nachrichten.fr · July 31, 2026

Entre principios y pragmatismo: el acto de equilibrio de Macron ante la nueva dirigencia de Madagascar

Cuando el presidente francés Emmanuel Macron reciba el 24 de febrero en el Palacio del Elíseo al nuevo hombre fuerte de Antananarivo, se tratará de mucho más que un almuerzo de trabajo diplomático. La visita del coronel Michaël Randrianirina marca una fase delicada en las relaciones entre Francia y Madagascar, tanto en el plano político como histórico y geopolítico.

El encuentro será la primera visita oficial de Randrianirina a París desde su llegada al poder en octubre de 2025. Se produce tras un abrupto cambio político que sacudió el frágil orden del Estado insular y que también fue seguido con atención en Francia. Para Macron, la cita supone un delicado equilibrio diplomático: debe preservar los principios democráticos sin perder de vista los intereses estratégicos.

Un cambio de poder bajo la presión de la calle

El ascenso de Randrianirina a la jefatura del Estado está inseparablemente ligado a las masivas protestas de jóvenes malgaches en el otoño de 2025. Semanas de manifestaciones contra la corrupción, la falta de perspectivas económicas y el estancamiento político desembocaron en un cambio de poder respaldado por los militares. El entonces presidente Andry Rajoelina abandonó el país en circunstancias dramáticas.

Randrianirina, anteriormente coronel de las Fuerzas Armadas, fue posteriormente confirmado por las instituciones constitucionales como presidente de transición. Proclamó una «Refondation de la République» —una reorganización política que prevé reformas, consolidación institucional y, en perspectiva, nuevas elecciones—. Hasta ahora no existe un calendario concreto. Precisamente aquí radica el punto neurálgico: la comunidad internacional exige compromisos sólidos para regresar a un proceso transparente y democrático.

Madagascar no es un territorio desconocido en materia de inestabilidad política. Desde su independencia de Francia en 1960, el país ha experimentado repetidos cambios de poder con participación militar. Los ciclos políticos de promesas de reforma y desilusión han marcado las últimas décadas. Para la población joven —alrededor de dos tercios de los malgaches tienen menos de 25 años—, la cuestión social ocupa el primer plano: empleos, educación, perspectivas.

El delicado papel de Francia

Para París, la reanudación de un diálogo político visible con la nueva dirección en Antananarivo es un acto de equilibrio. Francia mantiene estrechas relaciones históricas, culturales y económicas con Madagascar. El francés es lengua oficial, miles de malgaches estudian o trabajan en Francia, y las empresas francesas están presentes en sectores clave como la energía, las telecomunicaciones y las infraestructuras.

Al mismo tiempo, el legado colonial no se ha olvidado. De 1896 a 1960, Madagascar fue una colonia francesa. Aún hoy, cuestiones pendientes —como las relativas a las Îles Éparses en el océano Índico— provocan regularmente tensiones diplomáticas. Por ello, cada movimiento político entre París y Antananarivo también se interpreta a la luz de sensibilidades históricas.

Macron también se enfrenta a una realidad africana transformada. En varios países de África occidental y central, la influencia francesa se ha visto masivamente reducida en los últimos años. Se pusieron fin a las cooperaciones militares, se retiraron las tropas francesas y los sentimientos antifranceses cobraron impulso. En este contexto, Madagascar no es para París solo un socio bilateral, sino parte de una ecuación estratégica más amplia.

Competencia geopolítica en el océano Índico

La dimensión geopolítica del encuentro se ve reforzada por la creciente competencia de actores externos. El océano Índico se considera un nodo estratégico de las rutas comerciales globales. Además de actores tradicionales como India o China, Rusia también busca cada vez más influencia en la región.

Randrianirina había visitado Moscú poco antes de su viaje a París. Estas señales se registran atentamente en las capitales europeas. Francia cuenta con presencia territorial directa en el océano Índico a través de sus territorios de ultramar, como La Reunión y Mayotte. Por tanto, la estabilidad en Madagascar no es solo una cuestión de responsabilidad en materia de desarrollo, sino también de cálculo en materia de seguridad.

Por ello, en París probablemente se tratará de mostrar a la nueva dirección alternativas a asociaciones exclusivas con potencias rivales. La cooperación en infraestructura, suministro energético o protección ante catástrofes puede ofrecer incentivos concretos. Al mismo tiempo, Francia quiere evitar ser percibida como partidaria de un régimen potencialmente marcado de forma permanente por los militares.

Desafíos económicos y sociales

A pesar de sus considerables yacimientos de materias primas —entre ellas níquel, cobalto y grafito—, Madagascar figura entre los países más pobres del mundo. Una parte considerable de la población vive por debajo del umbral internacional de pobreza. A ello se suman déficits estructurales en la administración, la justicia y la infraestructura pública.

Las catástrofes naturales agravan regularmente la situación. Los ciclones y las inundaciones han devastado amplias zonas del país en los últimos años, destruido cosechas y llevado a cientos de miles de personas a una situación de necesidad. El cambio climático incrementa además la intensidad de estos fenómenos extremos.

En este contexto, es probable que el almuerzo de trabajo en el Elíseo abarque varios temas concretos: apoyo a la reconstrucción tras catástrofes naturales, inversiones en energía sostenible, programas de formación para jóvenes y asesoramiento institucional en el marco de la transición política. Francia podría actuar aquí como puente hacia instrumentos europeos y multilaterales de financiación.

Principios democráticos frente a la realpolitik

Para Macron, la cita no solo es relevante en política exterior, sino también en política interior. Francia se considera tradicionalmente defensora de los valores democráticos. Una normalización demasiado rápida con un liderazgo surgido de un cambio de poder marcado por los militares conlleva riesgos reputacionales.

Al mismo tiempo, la práctica de la política internacional demuestra que el aislamiento rara vez contribuye a la estabilización. Un diálogo controlado, vinculado a expectativas claras en materia de reformas y preparativos electorales, puede asegurar influencia sin conceder un reconocimiento formal de forma acrítica. Será decisivo si Randrianirina envía señales creíbles de una apertura política inclusiva, por ejemplo mediante la implicación de la sociedad civil o calendarios transparentes para las elecciones.

Macron ha subrayado en el pasado que Francia no pretende ejercer un papel paternalista en África, sino actuar como socio. Que este principio rector funcione en el caso de Madagascar depende en gran medida de cuán claramente París exija estándares democráticos mínimos y de cuán en serio Antananarivo se tome estas expectativas.

El encuentro en el Elíseo es, por tanto, más que una cita protocolaria. Es representativo del reajuste de la política africana de Francia en un contexto de creciente competencia geopolítica y de creciente escepticismo hacia las antiguas potencias coloniales. Para Madagascar, ofrece la oportunidad de movilizar apoyo internacional para una fase de transición frágil tanto económica como políticamente. Para Francia, es una prueba de si las aspiraciones normativas y los intereses estratégicos pueden conciliarse, en un mundo en el que la influencia ya no es algo evidente, sino que debe renegociarse una y otra vez.

Autor: Andreas M. Brucker