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Nachrichten.fr · May 29, 2026

Escuela tropical: aulas se calientan hasta 50 grados

“Lo llamo un invernadero tropical.” Con esta frase, un responsable describió la situación en una escuela primaria en Soustons, en el suroeste de Francia. Lo que al principio parecía una exageración resultó ser alarmantemente exacto. En la escuela Isle-Verte en Landes se midieron temperaturas superiores a 50 grados bajo una gran cubierta de vidrio. La consecuencia: la institución cerró sus puertas el jueves y viernes.

Varios niños se quejaron de agotamiento, algunos se sintieron mal y otros vomitaron. ¿Clases en tales condiciones? Difícil de imaginar. La escuela data de los años 80, cuenta todavía con cristaleras simples en algunas áreas y es frecuentada por alrededor de 350 alumnos. Justamente los elementos arquitectónicos que antes representaban luz y apertura se convirtieron ahora en una trampa de calor.

El incidente en Soustons va mucho más allá de una noticia local del suroeste francés. Simboliza una evolución que afecta a todo el país. Francia atraviesa actualmente una ola de calor excepcionalmente temprana e inusualmente intensa. Los meteorólogos califican este fenómeno como un evento climático histórico para el mes de mayo. Ya a finales de mayo se registraron temperaturas que parecen más propias de pleno verano que de primavera. En Angoulême-La Couronne el termómetro alcanzó 37,8 grados, un nuevo récord para este mes.

Esto pone en primer plano una cuestión que durante mucho tiempo se discutió de manera más teórica: ¿Están los edificios públicos de Francia realmente preparados para el clima del futuro?

Muchas escuelas se construyeron en una época en que las olas de calor extremas eran poco frecuentes. Las grandes superficies de ventanas se consideraban modernas y los sistemas avanzados de sombreado a menudo se veían como superfluos. Hoy se observa el reverso de esta forma de construcción. Cuando el sol incide durante varios días sin obstáculos sobre las superficies de vidrio, las aulas y los patios interiores se convierten en acumuladores de calor.

A corto plazo, los municipios recurren a soluciones pragmáticas. Las ventanas permanecen abiertas durante la noche, los ventiladores funcionan a toda velocidad, y rociadores de agua aportan algo de frescor. Pero tales medidas suelen ser solo un parche para una herida que cada vez es más grande.

El verdadero desafío está en la adaptación constructiva. Más sombra mediante árboles y toldos, mejor aislamiento, ventilación natural, patios escolares ajardinados y menos superficies selladas son considerados elementos clave. Todo esto cuesta dinero, y no poco. Especialmente los municipios pequeños enfrentan la difícil tarea de adaptar su infraestructura a las condiciones climáticas cambiantes mientras deben realizar otras inversiones.

Por eso, la escuela de Soustons funciona como una señal de advertencia. Los niños son uno de los grupos más vulnerables al calor intenso. Cuando las aulas alcanzan temperaturas que recuerdan más a un invernadero que a un lugar de aprendizaje, ya no se trata de confort sino de salud y seguridad.

Lo que hoy ocurre en Landes podría convertirse mañana en la normalidad en muchos lugares. Las escuelas francesas se están transformando involuntariamente en un sistema de alerta temprana para la adaptación al clima. La cuestión ya no es si los edificios públicos deben responder a olas de calor más frecuentes, sino cuán rápido podrán hacerlo.

Andreas M. B.