Francia se enfrenta a un desafío que va mucho más allá de la política ambiental tradicional. Según el Hohe Rat für das Klima (Haut Conseil pour le Climat, HCC), el país hoy está concebido para condiciones climáticas propias del pasado. Carreteras, vías férreas, edificios, redes eléctricas, superficies agrícolas e infraestructuras urbanas se planificaron para el clima del siglo XX. Sin embargo, la realidad del siglo XXI se caracteriza por olas de calor más frecuentes, sequías prolongadas, episodios de lluvias intensas y un número creciente de riesgos naturales relacionados con el clima.
Esta constatación constituye el núcleo del último informe del HCC. Los expertos concluyen que, si bien Francia es consciente de la nueva realidad climática, la adaptación al cambio climático avanza notablemente más despacio que la aceleración de los efectos del calentamiento global.
La adaptación avanza con lentitud
El Hohe Rat critica en particular que las medidas políticas adoptadas hasta ahora no están a la altura de los desafíos. Según los expertos, sigue faltando una estrategia global que conecte eficazmente los distintos ámbitos políticos. Al mismo tiempo, los recursos financieros destinados a las medidas de adaptación siguen siendo limitados o son difíciles de rastrear.
Tampoco se considera suficiente la colaboración entre el Estado, las regiones, los municipios y el sector privado. Muchas medidas aún se centran en reparar los daños tras las catástrofes naturales, en lugar de limitar sus efectos de antemano mediante una planificación preventiva.
Según el HCC, la adaptación al cambio climático significa mucho más que el uso intensificado de aparatos de aire acondicionado o la construcción de más obras de protección contra inundaciones. Francia debe, en cambio, adaptar fundamentalmente sus normativas de construcción, la planificación urbana, la gestión del agua, la agricultura y la protección de los hábitats naturales a las condiciones climáticas cambiantes.
Planificación para una Francia hasta cuatro grados más cálida
El Gobierno francés se orienta oficialmente ahora a un escenario de referencia que contempla, para finales de siglo, un calentamiento de hasta cuatro grados Celsius respecto al nivel preindustrial. Este escenario ya no se considera un caso extremo improbable, sino una base realista de planificación para infraestructuras, ordenación del territorio e inversiones públicas.
En este contexto, las debilidades existentes se hacen cada vez más evidentes. Las vías férreas se deforman durante periodos de calor extremo, numerosos colegios y hospitales carecen de protección adecuada contra el calor, las redes eléctricas se ven presionadas por el aumento de la demanda de refrigeración, mientras que la escasez de agua se convierte en una carga creciente en muchas regiones. A ello se suman las zonas costeras, que sufren cada vez más erosión y el aumento del nivel del mar.
Por ello, los expertos advierten contra seguir basando las inversiones actuales en las condiciones climáticas de décadas pasadas. Las infraestructuras que se construyan ahora deben ser capaces de resistir las condiciones de las próximas décadas.
Los municipios soportan la mayor carga
Se destaca especialmente el papel de las autoridades territoriales. Regiones, departamentos y municipios cuentan con amplias competencias en materia de desarrollo urbano, transporte, suministro de agua y protección civil. Es precisamente en este nivel donde se decide cuán resilientes serán en el futuro las cis y localidades frente a las consecuencias del cambio climático.
No obstante, en muchos lugares faltan recursos financieros suficientes, conocimientos técnicos y seguridad de planificación a largo plazo. Por ello, el HCC pide un mayor apoyo a los municipios y una mejor coordinación entre los niveles nacional y regional. Solo así podrán implementarse de manera generalizada las medidas de adaptación.
No solo la adaptación genera preocupación
La crítica del Hohe Rat no se limita a la adaptación al cambio climático. Los expertos también consideran que la política climática francesa en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero sigue un rumbo problemático.
Según su evaluación, el ritmo de reducción de emisiones se ha ralentizado últimamente. Esto pone bajo presión tanto los objetivos intermedios hasta 2030 como la meta a largo plazo de la neutralidad climática para 2050. Entre las causas figuran, entre otras, las cambiantes prioridades políticas y las incertidumbres respecto a medidas clave como la renovación energética de edificios o la expansión de las energías renovables. Esta falta de continuidad dificulta las inversiones a largo plazo y debilita la credibilidad de la política climática francesa.
El Hohe Rat deja claro que la mitigación del clima y la adaptación no son campos políticos separados. Ambos deben avanzarse en paralelo para limitar de forma eficaz las consecuencias económicas y sociales del cambio climático.
El mensaje central del informe es inequívoco: Francia no puede seguir planificando su futuro con las concepciones climáticas del pasado. La adaptación al cambio climático ya no es una medida ambiental opcional, sino una condición fundamental para el funcionamiento de la economía, las infraestructuras, los servicios públicos y la protección de la población.
La verdadera pregunta, por tanto, ya no es si el clima está cambiando, sino si el Estado, la economía y la sociedad pueden adaptarse con suficiente rapidez a esta nueva realidad. Precisamente en este punto el Hohe Rat für das Klima sigue viendo una necesidad política considerable de actuación.