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Nachrichten.fr · May 27, 2026

Francia redescubre la electricidad barata nocturna

En Francia, la electricidad de repente cobra una nueva dimensión: la hora del día. Durante mucho tiempo, la electricidad se consideró un bien que simplemente salía del enchufe, sin importar si a las siete de la mañana se preparaba el café o a las tres de la noche se cargaba un coche eléctrico. Sin embargo, esta forma de pensar ahora está cambiando. Los proveedores de energía atraen a los consumidores con tarifas que por la noche parecen casi de oferta.

“Heures super creuses” es la palabra mágica. Horas de superbaja demanda. Suena técnico, pero está cambiando la vida diaria de muchos hogares.

TotalEnergies promociona especialmente de manera agresiva su tarifa “Charge’Heures”. Entre las dos y las seis de la madrugada, el precio de la electricidad baja a un nivel que hace sonreír a los propietarios de coches eléctricos. Mientras que durante el día se aplican tarifas considerablemente más altas, por la noche el kilovatio-hora cuesta solo una fracción de eso. El mensaje es simple: quien viva de manera flexible, ahorra dinero real.

Y de repente, la noche adquiere una nueva función.

Las lavadoras funcionan en modo nocturno de la casa, los calentadores de agua se encienden poco antes del amanecer, y en los garajes los coches eléctricos absorben silenciosamente electricidad barata de la red. Francia está experimentando una especie de desplazamiento silencioso del consumo de energía: se aleja de la frenesí de la tarde para trasladarse a horas en las que hasta ahora casi nadie pensaba en la electricidad.

Sin embargo, el verdadero motor detrás de este cambio no está en las oficinas de marketing de los proveedores, sino profundamente en la red eléctrica misma.

Francia produce grandes cantidades de energía nuclear y, al mismo tiempo, crece la proporción de energías renovables. En especial, la energía solar está haciendo que en ciertos momentos haya más electricidad disponible de la que se necesita. Es aquí donde el nuevo sistema tarifario interviene: los consumidores deben desplazar su consumo hacia momentos en que la red se alivie en lugar de cargarse.

Esto puede parecer inicialmente una política técnica sobria. En la vida diaria se siente más como una pequeña revolución en la sala de estar.

Porque la electricidad adquiere así un carácter que antes se asociaba más con billetes de avión o habitaciones de hotel: el precio fluctúa según la demanda. Quien planifica con inteligencia, viaja barato durante el día. Quien consume obstinadamente en horas punta, paga más. Así de simple.

Especialmente los propietarios de coches eléctricos se benefician enormemente. Algunos sistemas de carga inteligentes ya deciden automáticamente cuándo es el momento más barato para cargar. Los usuarios entregan parte del control al proveedor: el vehículo se carga de forma autónoma en las franjas horarias más económicas. Para muchos esto suena futurista, para otros simplemente práctico. “Conectar el coche y olvidarse” — algo así.

Por supuesto, este modelo no es adecuado para todos los hogares.

Quienes trabajan durante el día, cocinan por la tarde y apenas saben programar aparatos, a menudo ahorran poco. Algunos consumidores incluso corren el riesgo de facturas más altas si el consumo eléctrico sigue siendo mayoritariamente durante las horas punta caras. El nuevo mundo tarifario recompensa la flexibilidad y castiga las costumbres.

Precisamente ahí radica el cambio social mayor.

La electricidad pierde su carácter de producto básico estático. Se vuelve dinámica, táctica, a veces casi especulativa. Los consumidores vigilan apps, programan aparatos y trasladan rutinas para ahorrar unos euros. Puede parecer trivial, pero cambia fundamentalmente la perspectiva sobre la energía.

Francia prueba así un modelo que probablemente será adoptado en muchos países europeos. Porque cuanto más electricidad proviene del sol y el viento, más importante es la pregunta de cuándo se consume la energía, y no solo cuánto.

El mercado eléctrico del futuro probablemente no se creará en las centrales eléctricas, sino a las dos y media de la madrugada en un garaje en algún lugar cerca de Lyon.

Autor: Christine Macha