La nueva ola de calor vuelve a llevar a Francia al límite. En numerosas regiones, las temperaturas superan los 40 grados y en muchos lugares se aplican alertas por calor reforzadas. La presión se hace especialmente evidente en los hospitales. Los servicios de urgencias registran un fuerte aumento de pacientes que sufren las consecuencias inmediatas del calor extremo. La deshidratación, los golpes de calor, los colapsos circulatorios y el empeoramiento de enfermedades cardiovasculares y respiratorias figuran entre los motivos más frecuentes de ingreso.
Las personas mayores son especialmente vulnerables. Muchas de ellas pasan varios días en viviendas sobrecalentadas sin aire acondicionado y, además, viven solas. Solo buscan ayuda médica cuando su estado de salud empeora de forma considerable. Los bebés, los enfermos crónicos y los trabajadores que desempeñan su labor al aire libre o en zonas de trabajo mal refrigeradas también se encuentran entre los grupos especialmente vulnerables.
Para los hospitales, la ola de calor llega en una situación ya de por sí tensa. Durante los meses de verano, parte del personal médico está de vacaciones y, al mismo tiempo, no todas las camas hospitalarias están disponibles. Por ello, las direcciones de los centros deben adaptar sus procedimientos con flexibilidad para garantizar la atención a los pacientes y, a la vez, aliviar la carga del personal de enfermería y los médicos, ya muy exigidos.
El Gobierno responde con medidas adicionales. Entre otras iniciativas, los hospitales especialmente afectados deberán equiparse con un gran número de nuevos aparatos de aire acondicionado. Sin embargo, los expertos señalan que los sistemas de climatización por sí solos no resolverán el problema. Muchos edificios hospitalarios franceses proceden de una época en la que apenas se tenían en cuenta las olas de calor prolongadas e intensas. Por tanto, las condiciones estructurales a menudo no son suficientes para proteger de forma duradera a pacientes y personal frente al calor extremo.
Además de las soluciones técnicas, los hospitales apuestan por medidas organizativas. Los pacientes vulnerables permanecen bajo observación intensiva, se habilitan zonas de estancia refrigeradas y se adaptan los procesos de trabajo para reducir al máximo la carga física del personal. Al mismo tiempo, los centros supervisan continuamente su capacidad disponible para poder reaccionar con rapidez ante el aumento del número de pacientes.
Las consecuencias sanitarias del calor también se reflejan ya en las estadísticas. Las autoridades de salud registran un claro aumento de la mortalidad durante las olas de calor. Para muchos médicos, por ello está claro que el calor extremo hace tiempo que dejó de ser un fenómeno excepcional y se ha convertido en un desafío permanente para el sistema sanitario. Para garantizar una atención fiable también en el futuro, resulta casi inevitable una modernización integral de los hospitales. Un mejor aislamiento térmico, sistemas de ventilación modernos y edificios adaptados al clima se consideran hoy pilares fundamentales de una atención sanitaria preparada para el futuro.
Por C. Hatty