Quien circule en Amiens con un patinete eléctrico necesita desde el 25 de mayo de 2026 algo más que una batería cargada y un poco de equilibrio. La ciudad del norte de Francia ha impuesto la obligación de usar casco para los usuarios de patinetes eléctricos – y no solo para los tradicionales Trottinettes électriques. La nueva regla se aplica a todos los llamados EDPM, es decir, medios de transporte personal motorizados. Esto incluye también monocycles eléctricos u hoverboards. Las bicicletas eléctricas quedan excluidas.
El motivo parece pragmático, casi burocrático. Pero la cifra detrás tiene peso: Amiens ha registrado 58 accidentes con patinetes eléctricos solo desde principios de año. Para una ciudad de tamaño medio, esto ya no es un ruido estadístico sino una señal de alarma. Quien camine por las zonas céntricas francesas ya conoce la escena: jóvenes trabajadores con café en mano, estudiantes con auriculares, repartidores bajo presión de tiempo – todos zumbando sobre pequeñas ruedas entre el tráfico. Práctico, rápido, a menudo caótico.
Justo ahí es donde Amiens ha decidido actuar.
Francia inicialmente trató estos nuevos vehículos con sorprendente laxitud. Los patinetes eléctricos llegaron como una lluvia de verano a la moda en las ciudades: primero ridiculizados, luego usados masivamente. Durante mucho tiempo predominó la idea de una micromovilidad sencilla. Lo principal era que fuera flexible, baja en emisiones y, de alguna manera, moderna. El casco se consideraba más un accesorio voluntario para quienes son precavidos.
Pero esta fase está llegando a su fin de forma palpable.
A nivel nacional, Francia no exige hasta ahora casco a los adultos en áreas urbanas. Sin embargo, existen otras normas desde hace tiempo: iluminación, frenos en buen estado, timbre, ropa reflectante de noche o con mala visibilidad, así como la obligación de usar los carriles bici disponibles. Muchos usuarios solo conocen estas reglas a medias o simplemente las ignoran. La consigna suele ser “seguro que va bien”. Hasta que deja de ir bien.
Amiens desplaza ahora el límite entre recomendación y obligación. Políticamente puede parecer una decisión municipal menor. Pero en realidad refleja una tendencia más amplia. Las ciudades francesas ven los patinetes eléctricos cada vez menos como un juguete moderno de la generación tecnológica. En cambio, se acercan más a la política de tráfico tradicional —con normas, controles y debates sobre seguridad.
París ya optó por una vía más radical y expulsó los patinetes de alquiler del paisaje urbano. Amiens elige otra estrategia. No hay prohibición ni destierro simbólico del centro. En cambio, interviene en el comportamiento de los usuarios. Quienes circulen eléctricamente deberán llevar responsabilidad visible —literalmente en la cabeza.
Lo interesante no es tanto la posible multa como el cambio de la norma social. Justamente ahí es donde este tipo de reglas suelen tener mayor efecto. El casco pierde su fama de accesorio excesivamente precavido. Pasa a ser parte del equipo básico, como las luces o los frenos. Esto también cambia la percepción de otros usuarios de la vía. Un conductor de patinete con casco ya no parece un turista en paseo recreativo, sino un integrante del tráfico urbano habitual.
Y a decir verdad: muchos franceses ya sentían que la situación se estaba descontrolando. Conducciones demasiado rápidas en aceras, adelantamientos arriesgados, dos personas en un mismo patinete – algo cotidiano en muchas ciudades. Por eso la nueva regla de Amiens parece casi una señal para todo el país: ha terminado la era de libertad ilimitada para los patinetes.
Si otras ciudades siguen esta vía dependerá principalmente de las cifras de accidentes. Si Amiens registra menos heridos tras imponer el casco, esa medida local podría convertirse rápidamente en un modelo nacional.
El pequeño patinete eléctrico pierde así parte de su ligereza rebelde y se consolida definitivamente como un medio de transporte normal. Bienvenidos al día a día de la sensatez urbana.
Por C. Hatty