Volver

Comentario del 09/06/2026

Comentario: ¿Ya no hay celebración sin disturbios y tumultos?

Hubo un tiempo en que un Mundial de fútbol era una fiesta. Las familias se reunían frente al televisor, los vecinos celebraban juntos en plazas públicas, los niños llevaban las camisetas de sus ídolos y soñaban con estar algún día en el gran escenario. Durante algunas semanas parecía que las divisiones políticas, las tensiones sociales y los problemas cotidianos qan en segundo plano. El fútbol creaba comunidad.

Hoy parece que se preparan los grandes eventos como si se tratara de un desastre natural.

Cuando una ciudad impone toques de queda para jóvenes pocos días antes de un Mundial, restringe las reuniones públicas, prohíbe las zonas de aficionados, regula el consumo de alcohol, prohibe las barbacoas y moviliza fuerzas de seguridad adicionales, eso no es un programa para una fiesta popular. Es el guion para un estado de excepción.

¿Hasta dónde hemos llegado realmente?

La ironía no podría ser mayor. Un torneo que debería entusiasmar a miles de millones de personas, obliga hoy a las autoridades a tomar medidas de protección como si un ejército enemigo estuviera a las puertas de la ciudad. En vez de ilusión, dominan los conceptos de seguridad. En lugar de banderas, se colocan vallas. En vez de euforia compartida, se debate sobre toques de queda para niños.

Por supuesto, se nos dice que la gran mayoría es pacífica. Probablemente sea cierto. Pero esa constatación sirve de poco si una minoría cada vez menor basta para paralizar centros urbanos, destrozar comercios, prender fuego a coches y atacar a la policía. Al final, quienes pagan las consecuencias son todos los demás.

Lo más doloroso es que precisamente los jóvenes son quienes pagan el precio. Miles de jóvenes decentes son puestos bajo sospecha general simplemente porque unos cientos de alborotadores aprovechan cualquier ocasión para la escalada. Quienes quieren ver un partido tranquilamente de noche con amigos son tratados como potenciales alteradores del orden. Una sociedad que encierra a su juventud para protegerla de su propia juventud da un testimonio notable de su estado.

Y sin embargo, es difícil reprochar a los responsables. ¿Qué pueden hacer los alcaldes si cada celebración grande conlleva el riesgo de disturbios? ¿Mirar hacia otro lado? ¿Esperar? ¿Poner en pausa? Los políticos ya no reaccionan ante el deporte, sino ante la violencia que lo acompaña.

Quizás ahí está precisamente la verdadera tragedia. No son los toques de queda el problema. Solo son el síntoma.

El problema es una sociedad que ha logrado convertir hasta un partido de fútbol en un caso de seguridad.

Antes de un Mundial se preguntaba: «¿Hasta dónde llegará nuestro equipo?» Hoy la pregunta es: «¿Cuántos efectivos de seguridad se necesitan?»

Eso por sí solo dice más sobre el estado de nuestra época que cualquier estadística policial.

Un comentario de Daniel Ivers