La influencia digital procedente del extranjero se ha convertido ya en uno de los principales desafíos para las democracias occidentales. Además de los ciberataques y el espionaje clásico, actores estatales y próximos al Estado recurren cada vez más a campañas de desinformación selectivas para socavar la confianza en las instituciones políticas. Las redes rusas Storm-1516 y Matriochka se encuentran especialmente en el punto de mira de las autoridades de seguridad occidentales. Ambas persiguen el mismo objetivo estratégico: influir en la formación de la opinión pública, intensificar las tensiones sociales y debilitar el apoyo de los Estados occidentales a Ucrania. Sin embargo, sus métodos difieren considerablemente.
Storm-1516: la producción industrial de desinformación
Storm-1516 es considerada una de las redes de información más profesionales que las autoridades occidentales atribuyen a estructuras de influencia rusas. Según los hallazgos de las autoridades de seguridad francesas, la red está activa desde finales de 2023 y dirige sus campañas principalmente contra Estados europeos y Norteamérica.
El núcleo de sus actividades es la creación sistemática de noticias aparentemente creíbles. Para ello se elaboran sitios web de apariencia engañosamente auténtica que imitan a medios de comunicación prestigiosos o periódicos regionales. Estos denominados sitios web clonados publican artículos ficticios cuyo diseño y estilo lingüístico reproducen los originales con la mayor exactitud posible.
La inteligencia artificial desempeña un papel cada vez más importante. Hoy en día, los textos pueden crearse en pocos minutos o adaptarse a distintos grupos destinatarios. Al mismo tiempo, los modernos programas de edición de imágenes y vídeo permiten producir manipulaciones de apariencia engañosamente real, desde imágenes modificadas posteriormente hasta deepfakes en los que personas hacen declaraciones que nunca pronunciaron.
Este proceder se complementa con el robo de identidad. Se utilizan indebidamente nombres de periodistas, logotipos de medios establecidos, así como instituciones u organizaciones no gubernamentales, para crear la impresión de una cobertura seria. Posteriormente, redes coordinadas de cuentas de redes sociales difunden los contenidos a través de plataformas como X, Telegram o TikTok y aseguran un rápido alcance.
Varios políticos franceses fueron objetivo de este tipo de campañas en los últimos años. Entre otras cosas, circularon informes inventados sobre su estado de salud, supuestos casos de corrupción o escándalos privados. Incluso cuando estas afirmaciones fueron desmentidas rápidamente, a menudo ya habían alcanzado a un público amplio.
Matriochka: cuando los verificadores de datos se convierten en el objetivo
Mientras Storm-1516 apuesta por la difusión masiva de contenidos falsos, la operación Matriochka sigue otra estrategia. Su verdadero ataque se dirige menos contra el público que contra periodistas y verificadores profesionales de datos.
Los operadores también crean documentos falsificados, como supuestos artículos de prensa, vídeos manipulados, carteles o capturas de pantalla. Después, se insta específicamente a redacciones y organizaciones de verificación de datos, a través de redes sociales, a comprobar estos contenidos.
A primera vista, este comportamiento parece contradictorio. Sin embargo, en realidad el método persigue dos objetivos estratégicos. Por un lado, las redacciones se ven obligadas a invertir importantes recursos de personal en verificar contenidos inventados. Por otro, la refutación pública de la información falsa ya le aporta atención adicional. Incluso cuando los medios desenmascaran la manipulación, la afirmación original suele llegar a un público mucho mayor que sin la verificación de datos.
Este enfoque aprovecha un conocido efecto psicológico: muchas personas recuerdan posteriormente la afirmación espectacular, pero no su corrección. De este modo, la desinformación puede tener efectos a largo plazo aunque se haya demostrado que es falsa.
Un patrón estandarizado de las campañas modernas de desinformación
Las autoridades de seguridad occidentales observan un desarrollo casi idéntico en numerosas operaciones de influencia rusas.
En primer lugar, se produce un contenido falso lo más creíble posible. A continuación, aparece en sitios web creados específicamente o en copias de medios que se asemejan a portales de noticias conocidos. En el siguiente paso, redes coordinadas de cuentas de redes sociales automatizadas o parcialmente automatizadas garantizan una rápida difusión.
Solo después, las cuentas de mayor alcance o los influencers políticos suelen hacerse eco del tema. Que sea por convicción, desconocimiento o cálculo político a menudo desempeña un papel secundario para el éxito de la campaña. Lo decisivo es que el debate cobre impulso.
Incluso si los medios o las autoridades refutan posteriormente los hechos de forma inequívoca, suele persistir una duda residual. Precisamente este efecto constituye el núcleo de las operaciones modernas de información. El objetivo no es necesariamente convencer al mayor número posible de personas de una falsedad evidente. Se busca, más bien, generar incertidumbre. Quien se encuentra constantemente con informaciones contradictorias pierde con mayor facilidad la confianza en los medios, las autoridades o las instituciones democráticas.
Parte de un ecosistema ruso de información más amplio
Según la evaluación de las autoridades occidentales, Storm-1516 y Matriochka no actúan de forma aislada. Más bien, se las atribuye a una red más amplia de operaciones rusas de información.
La operación Doppelgänger ya había recibido especial atención anteriormente. En ella, se copian casi por completo sitios web de medios internacionales conocidos. Solo la dirección de internet difiere ligeramente de la original. De este modo, los usuarios llegan fácilmente a portales de noticias falsificados y consideran sus contenidos como periodismo auténtico.
Este ecosistema se complementa con Portal Kombat, una red de cientos de portales de internet multilingües que difunden narrativas prorrusas en numerosas lenguas europeas. En conjunto, estas estructuras forman una infraestructura con división del trabajo en la que los contenidos se producen, multiplican y difunden a través de diferentes canales.
Por ello, los expertos hablan cada vez más de una forma industrial de manipulación de la información. El software moderno, la inteligencia artificial y las redes sociales permiten crear y difundir internacionalmente, en muy poco tiempo, grandes cantidades de contenidos aparentemente creíbles.
Por qué las campañas electorales son especialmente vulnerables
Las campañas electorales ofrecen condiciones ideales para las campañas de desinformación. Los debates políticos son emocionales, las líneas de conflicto social se hacen claramente visibles y los medios informan casi las veinticuatro horas del día sobre candidatos y controversias.
Desde la perspectiva de los actores de influencia extranjeros, esto abre varias posibilidades. Se puede desacreditar selectivamente a políticos concretos, amplificar artificialmente temas controvertidos o intensificar aún más tensiones sociales existentes. Del mismo modo, se puede intentar sembrar dudas sobre la integridad del propio proceso electoral.
A menudo basta ya con la afirmación de posibles manipulaciones o supuestos escándalos. Incluso si posteriormente resultan ser infundadas, pueden perjudicar de forma duradera la confianza en los procedimientos democráticos.
Las autoridades de seguridad francesas parten de que tales actividades podrían aumentar aún más antes de las elecciones presidenciales de 2027. Ya se han documentado campañas de influencia comparables en elecciones de varios Estados europeos y de Estados Unidos.
El desafío para las democracias abiertas
La lucha contra la desinformación digital plantea a las sociedades democráticas un dilema fundamental. Por una parte, es necesario detectar tempranamente las operaciones de influencia organizadas y limitar sus efectos. Por otra, las medidas contra la desinformación no deben menoscabar la libertad de expresión y de prensa, pilares fundamentales de las democracias liberales.
Por ello, los gobiernos occidentales invierten cada vez más en centros especializados de análisis, cooperaciones internacionales y sistemas técnicos de alerta temprana. Al mismo tiempo, crece la importancia de los medios independientes, la verificación profesional de datos y la alfabetización mediática digital de la población.
Storm-1516 y Matriochka muestran de forma ejemplar cómo ha cambiado el carácter de las confrontaciones geopolíticas. Hoy los conflictos ya no se libran exclusivamente con medios militares o económicos. El control de la información, la percepción pública y la confianza social se ha convertido en un factor estratégico. Por ello, el verdadero desafío para las democracias consiste menos en impedir cada información falsa individual que en reforzar de forma duradera la resiliencia de sus instituciones y de su cinía frente a intentos sistemáticos de manipulación.
P. Tiko