En Albania crece la resistencia contra uno de los proyectos turísticos más ambiciosos del país. Un resort de lujo multimillonario, vinculado al inversor Jared Kushner y su esposa Ivanka Trump, se ha convertido en cuestión política nacional en pocos días. Miles de manifestantes recorren desde finales de mayo la capital Tirana y protestan contra los planes de construcción en la isla Sazan y en la región costera de Zvërnec, cerca del paisaje de lagunas protegidas de Vjosa-Narta.
Precisamente un ave se ha convertido en el símbolo del movimiento: el flamenco rosa. En carteles, banderas y figuras inflables representa la protección de un paisaje costero que muchos albaneses consideran patrimonio natural nacional.
Un proyecto multimillonario en una costa sensible
El proyecto cuenta con el respaldo de la sociedad de inversión Affinity Partners, fundada por Jared Kushner. Las inversiones previstas se estiman en al menos 1.400 millones de euros, dependiendo del alcance del proyecto. Se planean hoteles de lujo, complejos de villas, infraestructura turística y ofertas de ocio exclusivas en la isla Sazan, hasta ahora en gran parte virgen, así como a lo largo de la costa sur del Adriático.
El gobierno considera el proyecto una inversión estratégica. Albania quiere posicionarse como un destino mediterráneo de alta calidad y atraer a visitantes con mayor poder adquisitivo. Los defensores apuntan a la creación de nuevos empleos, el aumento de ingresos fiscales y un impulso de modernización para regiones con debilidades estructurales.
Pero precisamente esta visión enfrenta una creciente oposición.
El conflicto por la naturaleza y la propiedad
Organizaciones medioambientales llevan meses advirtiendo sobre las consecuencias del proyecto. La región de Vjosa-Narta es una de las zonas ecológicamente más valiosas de Albania. Los humedales sirven como área de descanso y anidación para numerosas especies de aves. Además de flamencos, habitan allí tortugas marinas, especies raras de focas y numerosas aves migratorias.
Los críticos temen que las obras planeadas puedan modificar cientos de hectáreas de costa hasta ahora intacta. La proximidad de los proyectos a zonas naturales protegidas es especialmente controvertida. Mientras que los promotores aseguran cumplir con estándares ambientales y aplicar conceptos sostenibles, muchos conservacionistas dudan de la compatibilidad de un resort de lujo de esta magnitud con los sensibles ecosistemas locales.
A esto se suman dudas sobre la concesión de terrenos. Activistas acusan a las autoridades de falta de transparencia. Critican que los permisos principales y contratos no hayan sido suficientemente discutidos públicamente.
De una protesta ambiental a un movimiento político
Las protestas han adquirido ya una dimensión mucho más amplia. Lo que comenzó como resistencia local contra un proyecto de construcción se está convirtiendo cada vez más en una crítica general contra el gobierno y la dirección del Estado.
Muchos manifestantes ven en el proyecto un símbolo de la estrecha relación entre el poder político y los inversores internacionales. La acusación es que los intereses económicos de actores privilegiados tienen más peso que las inquietudes de la población.
Eslóganes como «Albania no está en venta» o «Nuestra costa pertenece a todos» reflejan esta evolución. Para muchos participantes, ya no se trata solo de conservación ambiental, sino de cuestiones de estado de derecho, control democrático y propiedad pública.
Además, el movimiento está liderado por una generación inusualmente joven. Estudiantes, activistas ambientales y jóvenes profesionales definen la apariencia de las manifestaciones. Observadores ya hablan del mayor movimiento de protesta independiente de partidos en años.
Escalada en Zvërnec
La situación se tensó especialmente tras la instalación de cercas y alambradas en una parte del terreno previsto para la construcción en Zvërnec. Videos de enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad privadas se difundieron rápidamente en redes sociales, aumentando la indignación pública.
Para muchos albaneses, este hecho fue un punto de inflexión. Las imágenes crearon la impresión de que un tramo de costa hasta entonces de acceso libre estaba siendo privatizado progresivamente. En un país donde la costa tradicionalmente se entiende como bien público, esto tocó una fibra sensible.
Las protestas se extendieron entonces desde la región de Vlora hacia Tirana y otras ciudades. También en la diáspora albanesa se organizaron manifestaciones en solidaridad.
Edi Rama apuesta por el desarrollo económico
El primer ministro Edi Rama defiende el proyecto con firmeza. Durante años su gobierno ha perseguido la estrategia de posicionar a Albania como un destino atractivo para inversiones internacionales. El turismo es considerado un motor central de crecimiento.
Rama argumenta que el país necesita capital extranjero para mejorar infraestructura y elevar el nivel de vida. Desde su punto de vista, detener el proyecto enviaría una señal negativa a los inversores internacionales.
Al mismo tiempo, el jefe de gobierno está bajo presión. La oposición aprovecha las protestas para plantear dudas sobre transparencia y lucha anticorrupción. También grupos de la sociedad civil exigen una divulgación completa de los procesos contractuales y de permisos.
Una prueba para el camino europeo de Albania
La controversia ya va mucho más allá de un proyecto turístico individual. Toca preguntas centrales para el desarrollo a largo plazo de Albania.
Como país candidato a la UE, enfrenta el desafío de armonizar crecimiento económico con estándares del estado de derecho y requisitos ambientales. La Unión Europea otorga igual importancia a la protección de ecosistemas sensibles como a la gobernanza transparente y a mecanismos de control independientes.
La llamada Revolución del Flamenco es por ello más que una protesta local contra un resort de lujo. Muestra las tensiones de un país que por un lado busca inversión y modernización, y por otro quiere proteger sus recursos naturales e instituciones democráticas. La manera en que el gobierno maneje este conflicto podría tener un efecto emblemático que vaya más allá de la región costera de Vjosa-Narta. Para Albania, esta confrontación es un termómetro de su madurez política y de su capacidad para reconciliar desarrollo y bien común.
Autor: P. Tiko