El bosque de Fontainebleau, símbolo de la naturaleza francesa desde hace generaciones y popular destino de excursiones al sur de París, vive una de las peores catástrofes de su historia. Más de 800 hectáreas de bosque ya han sido pasto de las llamas. Casi el cinco por ciento de toda la zona forestal ha sido destruida: una franja de devastación cuyas consecuencias probablemente marcarán el paisaje durante muchos años.
Mientras los bomberos combaten el incendio con un enorme despliegue, la atención de los investigadores se centra en un posible incendio provocado. Aún no hay pruebas definitivas. Sin embargo, los indicios se acumulan. Dentro de una zona de aproximadamente un kilómetro, los equipos de emergencia registraron unos diez focos de incendio separados entre sí. Resulta especialmente llamativo que dos de ellos se encontraran en lados opuestos de la autopista A6. Un patrón así difícilmente encaja con el inicio accidental de un incendio y ahora ocupa a la Gendarmería.
La lucha contra el fuego se asemeja a una carrera contra el tiempo.
Unos 500 bomberos están desplegados. Reciben apoyo de otras regiones de Francia. Sobre las copas de los árboles sobrevuelan aviones cisterna Canadair, aeronaves Dash y varios helicópteros de extinción. Un despliegue aéreo de tal magnitud es poco habitual en la región de Île-de-France y demuestra la gravedad de la situación.
Por precaución, las autoridades pusieron a salvo a unas 900 personas. Pese a la dramática evolución, hasta ahora no hay víctimas mortales ni informes de viviendas destruidas. Para los equipos de emergencia, ahora cuenta sobre todo un objetivo: las llamas no deben seguir propagándose. Solo después comenzará la ardua tarea de extinguir definitivamente los innumerables focos de brasas. Esto suele prolongarse durante días.
Las causas de la rápida propagación son evidentes. Semanas de sequía, altas temperaturas y vegetación reseca crearon condiciones ideales para un fuego que devoró el bosque en poco tiempo. Donde normalmente los excursionistas recorren caminos entre rocas y árboles centenarios, ahora predominan el humo, las cenizas y el olor a madera quemada.
Varias zonas del área forestal permanecerán cerradas hasta nuevo aviso. Las autoridades instan a la población a evitar estrictamente las zonas afectadas. Mientras continúan las labores de extinción, la esperanza está puesta en controlar por completo el incendio y en encontrar la respuesta a la pregunta decisiva: si detrás de esta catástrofe natural hubo realmente acción humana.