París – 18.07.2026: Los ataques racistas contra jugadores de la selección francesa de fútbol durante la Copa Mundial de 2026 han adquirido una dimensión política. Inicialmente, el principal afectado fue el capitán Kylian Mbappé y, más tarde, toda la selección de Didier Deschamps. El detonante fueron declaraciones de cargos públicos extranjeros que vincularon el origen étnico con la cuestión de quién puede ser considerado francés.
El 6 de julio, tras los octavos de final contra Francia, la senadora paraguaya Celeste Amarilla dirigió insultos racistas contra Mbappé. Las declaraciones se centraron en el color de piel, el origen familiar y la pertenencia nacional del jugador nacido en Francia. Mbappé respondió públicamente y acusó a la parlamentaria de difundir odio y racismo. El Gobierno paraguayo se distanció de las declaraciones de la política opositora.
La Federación Francesa de Fútbol (FFF) calificó los ataques de inaceptables y anunció que presentaría una denuncia ante la fiscalía. El presidente de la federación, Philippe Diallo, subrayó que no solo estaba siendo atacado un jugador individual, sino la selección francesa y, con ella, el propio país. Según informaciones de prensa, la fiscalía de París abrió una investigación sobre las declaraciones de la senadora.
Pocos días después, la controversia se extendió a España. El ex presidente del Gobierno Mariano Rajoy declaró antes de la semifinal entre Francia y España que el equipo francés contaba con una plantilla muy fuerte, pero no con franceses. La observación fue rechazada como racista en Francia y España. Representantes del Gobierno francés y jugadores españoles criticaron la equiparación de la identidad francesa con un determinado color de piel u origen.
Los incidentes siguen un patrón conocido. La exitosa selección francesa ha sido durante décadas un campo de proyección para disputas sobre inmigración, historia colonial y cinía. Ya tras el título mundial de 1998 y de nuevo después del triunfo de 2018, la diversidad étnica del equipo fue valorada como expresión de integración republicana o atacada desde posiciones nacionalistas. Los grandes acontecimientos deportivos amplían considerablemente el alcance internacional de estas interpretaciones.
Desde el punto de vista institucional, la situación es clara: la nacionalidad de los jugadores internacionales franceses se rige por la ley y las normas de las federaciones internacionales, no por el origen o la apariencia exterior. Sin embargo, los ataques desplazan deliberadamente el debate del rendimiento deportivo a la atribución étnica. Especialmente cuando proceden de políticos elegidos o de antiguos jefes de Gobierno, adquieren un peso que va más allá de las hostilidades habituales en las redes sociales.
Por ello, para Francia no se trata únicamente de proteger a profesionales destacados. El caso afecta al principio republicano de que la cinía y la igualdad de derechos no están vinculadas al origen. Las reacciones de la FFF, el Gobierno y la Justicia indican que las denigraciones racistas en el entorno de competiciones internacionales no deben tratarse como un mero fenómeno accesorio de la rivalidad deportiva.
Fuentes
- Franceinfo
- Fédération Française de Football
- Le Monde
- L’Équipe
- FIFA