Con un llamamiento contundente, profesionales de la cultura protestaron en el Festival de Aviñón contra la política de austeridad del Gobierno francés. Tras la última representación de Maldoror en el Patio de Honor del Palacio de los Papas, nueve artistas, junto con unos cuarenta profesionales más de la cultura, se dirigieron directamente al presidente Emmanuel Macron en una declaración pública. La acción marca un nuevo punto álgido de la resistencia contra los recortes en el presupuesto cultural y pone de manifiesto la creciente preocupación por el futuro del sector cultural financiado con fondos públicos en Francia.
Una protesta simbólica en el corazón del teatro francés
El Festival de Aviñón es considerado desde hace décadas el escenario más importante del teatro francés y un sismógrafo de los debates sobre política cultural. Por ello, la acción de protesta, que tuvo lugar en presencia del director del festival, Tiago Rodrigues, tuvo un gran impacto simbólico.
Entre los firmantes de la declaración figuran, entre otros, los directores Julien Gosselin, Rébecca Chaillon, Julie Deliquet y Baptiste Amann, así como varios coreógrafos y representantes de las artes escénicas. Acusan al Gobierno de poner en peligro la existencia misma del sector cultural mediante recortes repetidos.
En su declaración, afirman que los continuos recortes obligan al sector cultural a alzar la voz, porque la situación ya se ha vuelto dramática.
Consecuencias visibles de la política de austeridad
Según los impulsores de la iniciativa, los efectos de los recortes ya se perciben en numerosas instituciones. Las producciones se cancelarían a corto plazo, las temporadas se acortarían y los teatros se verían obligados a restringir considerablemente sus programas. Al mismo tiempo, los equipos artísticos, técnicos y administrativos se encuentran sometidos a una presión económica cada vez mayor.
Muchas instituciones tendrían que reducir sus actividades culturales o abandonar por completo proyectos. Los firmantes advierten de que esto perjudica no solo a instituciones individuales, sino a todo el sistema de apoyo cultural público.
En referencia a Emmanuel Macron, apelan a su responsabilidad histórica. Formulan de manera especialmente contundente la frase final de su carta abierta:
“Señor Presidente, ha llegado el momento de decidir de qué lado de la historia quiere estar. No sea quien lo destruya todo.”
El sector cultural, sometido a una considerable presión financiera
La protesta se produce en un periodo de creciente incertidumbre para el panorama cultural francés. Después de que el Estado congelara inicialmente fondos presupuestarios y anunciara posteriormente nuevos recortes, numerosas regiones, departamentos y municipios también redujeron su financiación cultural. Dado que muchos teatros dependen al mismo tiempo de subvenciones estatales y municipales, los recortes se refuerzan mutuamente.
Los representantes del sector ya advierten de un efecto dominó. Si la financiación no se asegura rápidamente, podrían producirse cierres de espacios escénicos, la cancelación de producciones ya planificadas y jornadas reducidas para numerosos empleados.
El Ministerio de Cultura había señalado recientemente que quizá pudiera desbloquearse una parte de los fondos congelados. Sin embargo, la decisión definitiva depende de las negociaciones presupuestarias en curso con el Ministerio de Finanzas.
Debate sobre nuevas formas de protesta
Dentro del sector cultural ya se debate abiertamente una ampliación de las protestas. Varios participantes del festival declararon que una protesta a escala nacional o incluso una huelga del sector cultural se considera cada vez más una posible opción.
El sindicato CGT-Spectacle respalda estas reflexiones. Al mismo tiempo, diversos responsables de teatros abogan por integrar posibles acciones de protesta en una movilización más amplia en defensa de los servicios públicos, con el fin de obtener un mayor apoyo social.
De este modo, el debate sobre la financiación cultural pasaría a formar parte de la discusión fundamental sobre la política estatal de austeridad, que actualmente afecta a numerosos ámbitos públicos en Francia.
Los cerca de 2.000 espectadores presentes en el Patio de Honor del Palacio de los Papas siguieron la lectura de la declaración en completo silencio. Solo tras la última frase estalló un aplauso de varios minutos. La escena dejó claro que el conflicto en torno a la financiación de la cultura hace tiempo que trasciende las cifras presupuestarias individuales. Para muchos artistas, la cuestión es qué papel quiere asumir el Estado en el futuro para el teatro, la danza, la música y otras formas artísticas financiadas con fondos públicos. La protesta de Aviñón podría convertirse así en el punto de partida de un debate más amplio sobre política cultural, que iría mucho más allá del festival de larga tradición.
C. Hatty