El presidente francés Emmanuel Macron ha enviado con su viaje a Siria una señal de política exterior de considerable alcance. Como primer jefe de Estado y de Gobierno de un país miembro de la UE desde el cambio de poder en Damasco, visitó al presidente interino sirio Ahmed al-Charaa y se manifestó abiertamente a favor de apoyar el proceso de transformación política. Sin embargo, la visita estuvo ensombrecida por dos atentados con bombas en las inmediaciones del hotel donde se alojaba la delegación francesa. Las explosiones, que según las autoridades sirias dejaron 18 heridos, ponen de relieve lo frágil que sigue siendo la situación de seguridad en el país a pesar del fin del régimen de Assad.
Macron no permitió que los atentados alteraran su agenda. El presidente francés mantuvo todos los compromisos previstos y con ello mostró determinación frente a aquellas fuerzas que buscan desestabilizar la transición política.
El regreso de Francia a Damasco
El viaje marca un punto de inflexión en la política francesa hacia Siria. Durante años, París había descartado categóricamente cualquier normalización de las relaciones con el régimen de Assad y había apoyado activamente su aislamiento internacional. Con la caída de Bashar al-Assad a finales de 2024 se abrió, sin embargo, un nuevo escenario político en el que Francia fue uno de los primeros países occidentales en buscar el diálogo con la nueva dirección.
En los últimos meses Macron ya había mantenido varias conversaciones con el presidente interino Ahmed al-Charaa. La visita a Damasco constituye hasta ahora el paso más decidido de este acercamiento. Ambos países acordaron la plena reanudación de las relaciones diplomáticas y la vuelta al intercambio de embajadores. Con ello termina una fase de distancia diplomática que había marcado las relaciones bilaterales durante muchos años.
Para París, la normalización no es un fin en sí misma. Francia persigue el objetivo de influir activamente en el cambio político y, al mismo tiempo, recuperar peso en una región en la que Rusia, Turquía y varios países del Golfo han ganado una importancia considerable en los últimos años.
La seguridad sigue siendo el mayor desafío
Los atentados durante la visita de Estado pusieron de manifiesto los riesgos existentes. Los dos artefactos estallaron cerca del Four-Seasons-Hotel, que se considera un lugar especialmente protegido para diplomáticos y organizaciones internacionales. Macron se encontraba en camino hacia el palacio presidencial en el momento de las explosiones y no resultó herido.
Hasta ahora ninguna organización ha reivindicado el ataque. Sin embargo, los círculos de seguridad consideran plausibles varios escenarios. Además de células del Estado Islámico, podrían estar detrás otras agrupaciones armadas que buscan sabotear la transición política o disuadir a los inversores internacionales.
El nuevo gobierno sirio se enfrenta a la difícil tarea de estabilizar un país que ha sufrido más de una década de guerra civil, sanciones internacionales y el colapso de las instituciones estatales. A pesar de los éxitos militares contra numerosos grupos rebeldes, siguen existiendo milicias regionales, redes terroristas y estructuras criminales que aprovechan el vacío de poder.
Por ello Macron subrayó que la reconstrucción económica y la seguridad están indisolublemente vinculadas. Francia apoyará a Siria en la lucha contra los grupos terroristas, pero al mismo tiempo exigirá la protección de todas las minorías étnicas y religiosas.
Intereses económicos pasan al primer plano
Además de la dimensión política, el viaje tiene una clara componente económica. Macron estuvo acompañado por una delegación de empresas francesas que deben explorar oportunidades de inversión en infraestructuras, suministro energético, transporte y logística.
Tras años de destrucción, Siria afronta una reconstrucción colosal. Carreteras, redes eléctricas, puertos, instalaciones industriales y servicios públicos deben ser renovados en gran parte del país. Las estimaciones internacionales prevén inversiones en el orden de cientos de miles de millones.
Francia quiere posicionarse pronto como socio económico. Las empresas francesas mantienen tradicionalmente estrechos vínculos en Oriente Medio y esperan obtener contratos relevantes en la reconstrucción. Al mismo tiempo, París tiene la oportunidad de reforzar su influencia económica frente a competidores de China, Rusia o los países del Golfo.
No obstante, la reconstrucción está estrechamente ligada a los avances políticos. Los inversores internacionales solo aportarán capital a gran escala a largo plazo si existen seguridad jurídica, estabilidad política y estructuras estatales fiables.
Un mensaje de política exterior a Europa
El viaje de Macron no solo se dirige a Damasco, sino también a los socios europeos. Mientras que algunos Estados de la UE siguen mostrando gran cautela respecto a la nueva dirección siria, Francia apuesta por una integración política controlada en lugar de un aislamiento continuado.
París sostiene que la estabilidad duradera en Siria solo puede alcanzarse mediante la cooperación internacional. Una exclusión total de la nueva administración aumentaría, en cambio, el riesgo de que otros actores consoliden de forma permanente su influencia política y económica en Siria.
Francia persigue así varios intereses estratégicos al mismo tiempo. Además de la lucha contra organizaciones terroristas islamistas, son centrales la contención de la migración irregular, el regreso de los refugiados sirios, la estabilización del Mediterráneo oriental y la protección de oportunidades económicas.
La visita también subraya la aspiración de Macron de seguir posicionando a Francia como una potencia con capacidad propia de influencia en la política exterior europea. Mientras la atención internacional se había concentrado últimamente sobre todo en la guerra en Ucrania y las tensiones en el Indopacífico, París vuelve a intentar marcar la agenda diplomática en Oriente Medio.
Si esta estrategia tendrá éxito dependerá, sin embargo, menos de visitas de Estado simbólicas que de los desarrollos dentro de Siria. Los atentados en Damasco han mostrado de manera contundente que la transición política está lejos de haberse completado. La nueva dirección debe demostrar que puede garantizar la seguridad, consolidar las instituciones estatales e integrar a los distintos grupos sociales.
Para Francia, el compromiso representa por tanto un equilibrio delicado entre apoyo político y prudente distancia. Macron ha dejado claro que París está dispuesto a acompañar a Siria en la reconstrucción y en la reintegración internacional. Al mismo tiempo, se mantiene la expectativa de que el nuevo gobierno prosiga la vía de reformas iniciada y cree las condiciones para una estabilidad duradera. Solo cuando la seguridad, el desarrollo económico y la reconciliación política avancen de forma simultánea podría el histórico acercamiento entre París y Damasco marcar realmente el inicio de una nueva fase en las relaciones bilaterales.
Andreas M. Brucker