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Nachrichten.fr · June 5, 2026

Más de dos décadas después: cadena perpetua para Martin Ney en el caso Jonathan Coulom

Con esta sentencia termina uno de los procesos penales más angustiosos de las últimas décadas en Francia. El tribunal de jurado de Loire-Atlantique condenó al asesino en serie alemán Martin Ney el 4 de junio de 2026 por secuestro y asesinato del niño de diez años Jonathan Coulom a cadena perpetua.

El caso mantuvo ocupada a la opinión pública francesa desde la primavera de 2004. Jonathan participaba entonces en una excursión escolar en la localidad costera de Saint-Brévin-les-Pins, cuando desapareció sin rastro durante la noche del 6 al 7 de abril. Durante semanas, investigadores, voluntarios y familiares buscaron al niño. Seis semanas después se confirmó la triste noticia: su cadáver fue encontrado en un estanque cerca de Guérande. El cuerpo había sido lastrado con un bloque de cemento.

Las investigaciones se convirtieron a lo largo de los años en un verdadero laberinto. Numerosas pistas se desvanecieron, sospechosos entraron en el foco de la justicia y luego desaparecieron de él. Poco a poco, las evidencias apuntaron al alemán Martin Ney.

El hoy de 54 años es uno de los más conocidos asesinos de niños en Alemania. Bajo los apodos de “Hombre de Negro” y “Hombre de la Máscara” ya había acaparado titulares mucho antes del proceso francés. Los tribunales alemanes lo condenaron en 2012 por el asesinato de tres niños entre 1992 y 2001, además de numerosos abusos sexuales a menores. Por ello cumple ya una condena de cadena perpetua en Alemania.

En el juicio en Nantes, el acusado negó cualquier responsabilidad en la muerte de Jonathan Coulom. No hubo confesión. La acusación se basó por ello en una gran cantidad de indicios. Los investigadores destacaron paralelismos llamativos con crímenes anteriores de Ney, reconstruyeron sus movimientos de entonces y presentaron testimonios de testigos. Especial atención generó la declaración de un antiguo compañero de cárcel, que relató comentarios comprometedores hechos por Ney.

Para la fiscalía, esto conformó un cuadro claro. La acusación habló de una “firma criminal” que indicaba de manera contundente al asesino en serie alemán. En consecuencia, la fiscal general solicitó la pena máxima.

Con el veredicto culpatorio, el tribunal siguió esta argumentación.

Para la familia de Jonathan, la sentencia significa sobre todo una cosa: un cierre tardío tras más de 22 años llenos de incertidumbre, dolor y esperanza de respuestas. Tras la lectura del fallo, el padrastro del niño habló de un momento de justicia. Jonathan ahora finalmente podrá descansar en paz.

Sin embargo, la tragedia no desaparecerá por completo. El caso Jonathan Coulom sigue siendo un recordatorio de lo largo que puede ser el camino hacia la verdad, y de la perseverancia con la que los investigadores deben trabajar a través de fronteras para permitir que la justicia se imponga incluso décadas después.

Por C. Hatty