Toulouse – 30.06.2026: Dos miembros de la tripulación de la Estación Espacial Internacional (ISS) saldrán hoy martes a realizar una actividad extravehicular (EVA) de unas seis horas y media para llevar a cabo trabajos en la estructura exterior de la estación. La operación se considera una intervención rutinaria con una preparación exhaustiva y normas de seguridad claramente definidas, pero sigue siendo físicamente exigente y técnicamente compleja.
Según especialistas, las EVA solo se programan cuando las reparaciones, el mantenimiento o las instalaciones no pueden realizarse con el brazo robótico o desde el interior de la estación. Benjamin Peter, responsable de actualidad espacial en la Cité de l’Espace en Toulouse, describe estos paseos espaciales como el resultado de meses de preparación: las herramientas se configuran de antemano, los procedimientos se ensayan en simulaciones en tierra y la tripulación entrena movimientos estandarizados. Antes de abrir la escotilla se realizan comprobaciones del traje, pruebas de estanqueidad y la sujeción con líneas de vida; paralelamente, el centro de control coordina el uso del brazo robótico, que apoya a los astronautas como plataforma de trabajo o mantiene componentes en posición.
El desarrollo de una EVA se divide en pasos individuales, con márgenes de tiempo y rutas de emergencia. Las tareas típicas van desde el intercambio de módulos externos y radiadores hasta el tendido de cables para experimentos y sistemas de comunicación. Los centros de control —sobre todo en Houston para la NASA y en instalaciones europeas para la ESA— supervisan de forma continua la telemetría, como la presión del traje, los niveles de CO2 y la gestión energética del sistema de soporte vital. Ante desviaciones, se puede ajustar el orden de las tareas o abortar la salida. Misiones comparables duraron en el pasado entre seis y siete horas; las fases prolongadas suelen deberse a fijaciones difíciles o a la necesidad de inspecciones adicionales.
Físicamente, un paseo espacial es exigente pese a la ingravidez: los trajes rígidos requieren movimientos fuertes de agarre y giro, y los trabajos prolongados cargan los antebrazos y los hombros. A ello se suma la exigencia mental por el ritmo apretado de las tareas, las comunicaciones por radio con varios equipos de control y la navegación por la envolvente exterior de la estación. La vigilancia médica acompaña la operación en tiempo real; bolsas de bebida y geles nutricionales en el traje aseguran la provisión de líquidos y energía.
Para el público, la Cité de l’Espace sitúa el beneficio práctico de estas intervenciones: mantienen la estación operativa, protegen los equipos científicos y crean capacidad para nuevos experimentos. Aunque es posible observarlos desde la Tierra, estas observaciones dependen del paso por encima, la luminosidad y el tiempo; los trabajos reales se siguen mejor a través de las retransmisiones en directo de las agencias espaciales. La EVA de hoy es, por tanto, una operación de rutina dirigida de forma estricta con un mayor esfuerzo logístico: planificada, asegurada de forma redundante y coordinada internacionalmente.
Fuentes
- Franceinfo
- Futura Sciences
- TF1 Info
- La Depeche
- Wikipedia