Las sirenas han sido durante siglos seres misteriosos entre el sueño y la realidad. En “Miss Mermaid” esta imagen se transforma en algo completamente distinto. El debut en el largometraje de las directoras francesas Pauline Brunner y Marion Verlé no cuenta una historia fantástica de cuento de hadas, sino el retrato de una mujer que se enfrenta al estancamiento, las deudas y la resignación. De ello surge una tragicomedia insólita que conmueve el corazón sin llegar jamás a ser sentimental.
Fanny vive en el pueblo costero normando de Fécamp. Tras un matrimonio fracasado apenas le queda más que un sofá y una montaña de facturas impagadas. Se muda de nuevo con sus padres y se gana la vida como limpiadora en una fábrica de procesado de pescado. Noche tras noche frota suelos y máquinas, mientras sus propios deseos quedan cada vez más relegados. La rutina se siente como un ciclo sin fin del que aparentemente no hay escapatoria.
Pero entonces conoce a Anémone, una sirena profesional. Con una aleta de silicona que parece auténtica, se desliza con elegancia por el agua en espectáculos subacuáticos. Para Fanny se abre de pronto una puerta a un mundo que a primera vista parece totalmente disparatado. Precisamente ahí radica su atractivo. Decide aprender mermaiding y descubre una pasión que nunca habría imaginado.
Las directoras usan esta idea extraordinaria como un poderoso símbolo. Justo una aleta que dificulta cualquier movimiento en tierra le regala a su portadora, bajo el agua, una sensación de libertad sin límites. Entre reflejos de luz y la ingravidez silenciosa, Fanny encuentra el coraje para reconstruir su vida. No resulta forzado, sino sorprendentemente verosímil.
Al mismo tiempo, la película no pierde de vista la realidad. Los problemas económicos de muchos pueblos costeros, las condiciones laborales precarias y las preocupaciones financieras forman los cimientos de la historia. Aun así, la narración se mantiene ligera. El humor nace de los propios personajes, de sus peculiaridades, de sus conversaciones y de los pequeños momentos cotidianos. Ahí reside el encanto de esta película.
También resulta destacable lo que se omite conscientemente. No hay una gran historia de amor que se imponga, ningún héroe rescata a la protagonista. Fanny encuentra su camino por su propia fuerza, apoyada por personas que la aceptan tal como es. Aloïse Sauvage aporta a este personaje, con su presencia natural, una mezcla de vulnerabilidad, rebeldía y alegría de vivir que perdura.
“Miss Mermaid” muestra de forma contundente que la esperanza a veces surge donde nadie la busca. De una pasión insólita nace una nueva confianza en sí misma. De una aleta de sirena surge un símbolo de libertad —y de una historia aparentemente pequeña, una película que demuestra que los mayores cambios suelen comenzar con un valiente salto hacia lo desconocido.
Por C. Hatty