Mont-de-Marsan – 12.07.2026: Cincuenta años después del primer festival punk de Mont-de-Marsan, la mirada vuelve a posarse en aquella ciudad del suroeste de Francia donde la revuelta musical encontró un escenario de forma sorprendentemente temprana. En agosto de 1976, cuando el punk en Gran Bretaña apenas había trascendido los clubes más reducidos, las Arènes du Plumaçon se convirtieron en el lugar de una apuesta que al principio parecía una provocación extravagante.
El impulsor fue Marc Zermati, el comerciante de discos parisino y fundador del sello Skydog Records. Llevó a Las Landas a formaciones británicas de pub rock y grupos franceses, además de The Damned, entonces poco más que una promesa de la nueva escena. La arena, habitualmente vinculada a las corridas de toros y a las fiestas locales, se transformó durante un largo día de verano en un experimento: chaquetas de cuero, amplificadores, curiosidad y un público que no sabía muy bien qué le esperaba.
Precisamente esa indefinición hace que la primera edición resulte históricamente tan atractiva. Fue menos un encuentro punk plenamente configurado que un momento previo a la explosión. The Damned tocaron en Mont-de-Marsan antes incluso de publicar su primer sencillo, “New Rose”. La palabra punk designaba entonces una actitud, un ruido, una insolencia, y todavía no un género musical claramente delimitado.
Un año después, el 5 y 6 de agosto de 1977, la situación había cambiado. La segunda edición atrajo mucha más atención y reunió a The Clash, The Police, The Boys, los Maniacs, The Damned, así como a grupos franceses como Asphalt Jungle, Strychnine y Little Bob Story, en un cartel que hoy parece un capítulo manuscrito de la historia del rock. La escena ya era visible, internacional y estaba dispuesta a tomarse en serio a sí misma.
Que fuera precisamente Mont-de-Marsan, lejos de los círculos culturales parisinos y de los clubes londinenses, la que se convirtiera en un temprano punto de encuentro, figura entre las hermosas refutaciones de los mapas culturales. El punk no surgió solo de las metrópolis; también necesitó personas con contactos, perseverancia y la disposición de abrir una arena a algo cuya importancia nadie podía aún medir con certeza.
El recuerdo de aquellos dos veranos sigue siendo más que un inventario nostálgico. Habla de una época en la que jóvenes músicos, con pocos recursos y una gran urgencia, conquistaron nuevos espacios. En Francia, las bandas locales tuvieron una inusual cercanía con sus referentes británicos, mientras el público experimentaba con qué rapidez una pequeña corriente rebelde podía convertirse en un acontecimiento europeo.
Por ello, la retrospectiva actual no pone únicamente bajo los focos a los nombres célebres. También recuerda a los espectadores, organizadores y grupos menos conocidos, sin los cuales el mito no habría surgido. Mont-de-Marsan no era una capital del punk en el verano de 1976. Sin embargo, durante un breve, ruidoso y trascendental instante, la ciudad llegó a serlo.
Fuentes
- franceinfo
- Le Monde
- CNRS Thalim
- INA
- France Inter