Cuando el termómetro supera los 35 grados durante días, no solo las personas empiezan a sudar. Los árboles de las cis también luchan por sobrevivir. Los árboles jóvenes, en particular, sufren durante los largos periodos de sequía porque sus raíces aún no llegan lo suficientemente profundo para acceder a suficiente agua. La ciudad alsaciana de Mulhouse responde a este desafío con una idea tan sencilla como eficaz: unas bolsas especiales de agua buscan hacer más eficiente el riego y ayudar a los árboles a soportar mejor los veranos calurosos.
El principio resulta sorprendentemente sencillo. Alrededor del tronco de un árbol joven, los trabajadores del mantenimiento de zonas verdes fijan una resistente bolsa de agua. Tras llenarla, no libera el agua de una sola vez, sino de forma lenta y uniforme durante varias horas. De este modo, la humedad penetra profundamente en el suelo, en lugar de evaporarse en la superficie o escurrirse por aceras y calles. Al final, llega exactamente al lugar donde las raíces jóvenes necesitan el agua.
Especialmente en las cis, cada litro cuenta. La liberación lenta garantiza que se pierda mucha menos agua. Al mismo tiempo, los árboles reciben un suministro más sostenible que fortalece su resistencia durante largos periodos de calor. Parece simple, y precisamente ahí reside el atractivo de este método.
Los árboles urbanos jóvenes ya crecen de por sí en condiciones difíciles. Entre asfalto, adoquines y conducciones subterráneas, a menudo queda poco espacio para sus raíces. Los suelos compactados dificultan además la absorción de agua y nutrientes. A ello se suman las altas temperaturas, los gases de escape y el calor, que se acumula con especial intensidad entre los edificios. ¿Quién prosperaría sin problemas en tales condiciones?
Durante los primeros años tras la plantación, un suministro fiable de agua suele decidir entre la vida y la muerte de un árbol. Si falta, las plantas pierden sus hojas prematuramente, crecen mucho más despacio o incluso mueren. Con ello no solo se pierde un árbol individual, sino también una importante inversión en el futuro de la ciudad.
Porque los árboles urbanos hacen mucho más que simplemente lucir bonitos. Dan sombra, filtran contaminantes del aire y, mediante la evaporación a través de sus hojas, proporcionan un enfriamiento natural. Bajo una gran copa de árbol, un día de verano suele resultar mucho más agradable que en una plaza sin protección. Este aire acondicionado natural cobra importancia con cada verano caluroso.
Sin embargo, aquí se hace evidente una aparente contradicción. Precisamente en épocas en las que el agua debe utilizarse con especial ahorro, los árboles necesitan suficiente humedad para poder desplegar su efecto refrescante. Por ello, los sistemas de riego eficientes ofrecen una forma sensata de combinar ambos objetivos. ¿Por qué desperdiciar un agua valiosa si puede utilizarse de forma selectiva allí donde aporta el mayor beneficio?
Además de los beneficios para las plantas, el nuevo sistema también facilita el trabajo de los empleados municipales. Como las bolsas de agua liberan su contenido de forma dosificada durante muchas horas, los árboles no tienen que regarse constantemente de nuevo. Esto ahorra tiempo y permite planificar mejor las tareas de mantenimiento, especialmente durante los largos periodos de sequía.
Por supuesto, esta técnica no sustituye una estrategia integral contra las consecuencias del cambio climático. Las bolsas de agua deben revisarse y rellenarse periódicamente. Tampoco pueden descartarse daños o actos de vandalismo. Además, no resuelven el problema fundamental de muchas superficies selladas, donde las raíces simplemente no tienen espacio suficiente.
Por ello, a largo plazo se necesitan más medidas. Las cis deben almacenar mejor el agua de lluvia, crear más superficies no selladas y apostar, en las nuevas plantaciones, por especies de árboles que toleren mejor el calor y las sequías temporales. Solo la combinación de distintas soluciones crea oasis verdes resistentes en el espacio urbano.
Sin embargo, el ensayo en Mulhouse demuestra que la adaptación climática no siempre exige grandes proyectos espectaculares. A veces, las soluciones eficaces surgen de ideas pragmáticas que pueden aplicarse directamente en la vida cotidiana. Cada árbol joven que sobrevive a una ola de calor gracias a un mejor riego se convertirá más adelante en una valiosa fuente de sombra. Eso es precisamente lo que cuenta para las cis del futuro: árbol por árbol.
Un artículo de M. Legrand