En plena noche comenzó un traslado extraordinario para ocho delfines del antiguo Marineland Antibes. En una operación de transporte planificada minuciosamente, los mamíferos marinos abandonaron la Costa Azul y emprendieron viaje hacia el sur de España. El traslado supone un paso importante en el desmantelamiento del parque temático, cerrado desde principios de 2025, pero en absoluto pone fin al debate sobre el futuro de los animales.
Poco después de la medianoche, cuidadores y veterinarios elevaron cuidadosamente a los delfines fuera de sus piscinas. En contenedores de transporte fabricados especialmente, fueron trasladados al aeropuerto de Niza bajo escolta policial. Allí ya esperaba un avión de carga que llevó a los animales a Málaga durante las primeras horas de la mañana. Tras aterrizar, los delfines llegaron unas horas más tarde a sus nuevas piscinas en Selwo Marina.
Según los responsables, el viaje transcurrió sin incidentes. Veterinarios franceses y españoles acompañaron el transporte, al igual que cuidadores experimentados que supervisaron el estado de salud de los animales durante todo el trayecto. Durante las próximas semanas, Joe, Anya, Tux, Kai, Neo, Lua, Dam y Rocky pasarán primero por una fase de adaptación. Los controles médicos y una adaptación gradual al nuevo entorno buscan reducir al mínimo el estrés del traslado.
Sin embargo, la estancia en Málaga no se considera una solución definitiva. Según los planes actuales, los ocho delfines deberán regresar más adelante a Francia. En el ZooParc de Beauval está prevista la construcción de un nuevo centro que combinará investigación, observación científica y protección de delfines. No obstante, probablemente pasará algún tiempo antes de que esta instalación pueda comenzar a funcionar. Por ello, Selwo Marina sirve por ahora como alojamiento temporal.
Precisamente este punto genera críticas. Varias organizaciones de protección animal reprochan que los animales simplemente hayan sido trasladados de un delfinario a otro. Desde su punto de vista, esto apenas modifica las condiciones básicas de cautividad. Además, acusan a las autoridades francesas de no haber tomado suficientes medidas desde la ley de bienestar animal de 2021 para crear alternativas adecuadas, como santuarios marinos.
Por ello, las organizaciones exigen mayor transparencia. Quieren recibir información independiente sobre el estado de salud de los delfines y sobre su alojamiento en España. Las comunicaciones realizadas hasta ahora por los operadores no les parecen suficientes. Especialmente después de un transporte tan largo, debe poder comprobarse cómo han soportado los animales el viaje.
Mientras ocho delfines ya han llegado a España, otros cuatro animales siguen viviendo en el antiguo Marineland de Antibes. También está previsto su traslado, posiblemente al Oceanogràfic de Valencia. Sin embargo, todavía no se ha fijado una fecha concreta.
La situación de las dos orcas Wikie y Keijo es aún más complicada. Continúan en las instalaciones del parque cerrado. Hay diversos conceptos sobre la mesa para su futuro, pero hasta ahora no se ha encontrado ninguna solución que pueda aplicarse a corto plazo. También un posible traslado a Tenerife sigue siendo controvertido y continúa generando debates políticos y sobre bienestar animal.
El traslado de los ocho delfines genera así cierto movimiento, pero no pone fin al conflicto. Más bien, el caso demuestra de forma contundente lo difícil que resulta abandonar décadas de cautividad de mamíferos marinos en delfinarios cuando primero deben crearse alternativas adecuadas. Solo en los próximos años se verá si Málaga es realmente solo una escala en el camino hacia un futuro mejor a largo plazo.
Autor: C.H.