La película para televisión La Bataille de Gaulle aborda uno de los conflictos políticos más agudos dentro de los Aliados occidentales durante la Segunda Guerra Mundial: la tensa relación entre el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt y el general Charles de Gaulle. La tesis central de la película -que Estados Unidos habría querido administrar militarmente Francia tras la liberación e incluso reorganizarla territorialmente- suena espectacular. En realidad, se basa en acontecimientos históricos reales. Sin embargo, la película condensa y dramatiza algunos aspectos, dando la impresión de que existía un plan estadounidense ya elaborado para el desmembramiento permanente de Francia. No obstante, no hay pruebas históricas sólidas de ello.
El AMGOT: una administración militar preparada
Ya desde 1943, Estados Unidos desarrolló junto con sus aliados conceptos para la administración de territorios liberados u ocupados. El eje central era el llamado Allied Military Government of Occupied Territories (AMGOT). Este modelo se concibió inicialmente para Italia y posteriormente se aplicó también en Alemania y Japón.
Desde la perspectiva estadounidense, Francia era un caso especial. El régimen de Vichy había colaborado con el Reich alemán, lo que había dañado gravemente su legitimidad política. Por ello, el presidente Roosevelt contemplaba las estructuras estatales francesas con considerable desconfianza y d de que, tras la liberación, pudiera existir de inmediato un gobierno nacional capaz de actuar.
En este contexto, los planificadores estadounidenses prepararon efectivamente la posibilidad de someter también a Francia, de manera temporal, a una administración militar aliada. No se trataba de una idea improvisada, sino de un escenario administrativo concreto para el caso de que surgiera un vacío de poder político tras el desembarco de Normandía.
Los controvertidos billetes del AMGOT
Un componente especialmente simbólico de estos preparativos fue la emisión de una moneda de ocupación propia. Estados Unidos mandó imprimir los llamados billetes AMGOT, que debían servir temporalmente como medio de pago tras la liberación.
Para Charles de Gaulle, esto representaba un ataque directo contra la soberanía francesa. A sus ojos, una moneda extranjera significaba que Francia sería tratada como un país ocupado y no como un país liberado.
Tras la liberación, de Gaulle se impuso con gran determinación. Los billetes AMGOT no se introdujeron como moneda oficial; en su lugar, se mantuvo la administración francesa y las instituciones estatales reanudaron su actividad bajo dirección francesa. Este éxito tuvo una considerable importancia política porque subrayó la pretensión de la República Francesa de mantener la continuidad estatal.
Roosevelt y de Gaulle: una lucha de poder personal y política
Las tensiones entre Roosevelt y de Gaulle iban mucho más allá de las diferencias objetivas. Roosevelt consideraba al general francés difícil, intransigente y autoritario. Quería evitar que de Gaulle se situara de forma permanente al frente de Francia sin legitimidad democrática.
El presidente estadounidense sostenía que la población francesa debía decidir por sí misma sobre su futuro gobierno tras el fin de la guerra. Hasta la celebración de elecciones libres, una administración aliada de transición le parecía una solución aceptable.
De Gaulle, en cambio, seguía un enfoque de derecho constitucional fundamentalmente distinto. Para él, la República Francesa nunca había dejado de existir pese a la derrota de 1940. Consideraba al régimen de Vichy una excepción ilegítima, no el sucesor legítimo de la República. De ello derivaba la pretensión de que ninguna potencia extranjera tenía derecho a administrar Francia, ni siquiera temporalmente.
Estas concepciones opuestas hacían que un conflicto político fuera casi inevitable.
¿Querían Estados Unidos mantener a Francia permanentemente bajo control?
La respuesta histórica es: en parte, aunque solo durante un periodo de transición limitado.
Existen numerosos documentos que demuestran que Washington preparó seriamente una administración militar aliada para Francia. Sin embargo, de ello no puede deducirse la intención de privar permanentemente a Francia de su soberanía estatal o de transformarla en un protectorado estadounidense.
Los planes estadounidenses apuntaban a una administración provisional hasta la formación de un gobierno francés democráticamente legitimado. El hecho de que de Gaulle rechazara categóricamente esta solución transitoria no cambia que, desde la perspectiva de Washington, estuviera pensada como una solución pragmática para la posguerra.
¿Existían planes para desmembrar Francia?
Es en este punto donde la representación cinematográfica se aleja más claramente de las fuentes históricas.
Es cierto que en los archivos estadounidenses aparecen reflexiones de algunos asesores y estrategas sobre posibles reorganizaciones territoriales de Europa tras la guerra. Se debatieron, entre otras cuestiones, el futuro de Alemania, el Sarre, Renania y diversas cuestiones fronterizas.
Sin embargo, no puede demostrarse la existencia de un plan estadounidense oficialmente aprobado para dividir permanentemente Francia en varios Estados o separar grandes partes de su territorio.
Incluso las ideas de una “Nueva Valonia”, que debía abarcar permanentemente territorios franceses del noreste, aparecen, en el mejor de los casos, en especulaciones aisladas o debates informales. Nunca se convirtieron en política oficial de Estados Unidos ni recibieron apoyo de Gran Bretaña o de los demás Aliados.
Por ello, la afirmación de un desmembramiento de Francia concretamente planificado va más allá de los hechos históricos comprobados.
¿Por qué fracasó el AMGOT en Francia?
En última instancia, resultó decisiva la evolución militar y política del verano de 1944.
Con el rápido avance de las tropas aliadas y la eficaz acción de la Résistance, los partidarios de de Gaulle lograron devolver rápidamente las prefecturas y las autoridades administrativas francesas al control nacional. Antes incluso de que pudiera establecerse una administración militar aliada, las instituciones francesas ya funcionaban en muchos lugares.
Como consecuencia, el concepto del AMGOT perdió su base práctica. Estados Unidos tuvo que aceptar que de Gaulle había creado hechos consumados. Pocos meses después, Estados Unidos reconoció oficialmente también a su gobierno provisional.
Francia pudo así mantener su continuidad estatal, un éxito que se debió en gran medida a la perseverancia política de de Gaulle.
El núcleo histórico de La Bataille de Gaulle está, por tanto, claramente presente. Estados Unidos preparó efectivamente una administración militar aliada para Francia, mandó imprimir una moneda de ocupación y mantuvo durante mucho tiempo una considerable desconfianza hacia de Gaulle. También es correcto que el general francés considerara estos planes una violación de la soberanía nacional y lograra impedirlos.
Menos convincente, en cambio, es la representación de un amplio plan estatal estadounidense para el desmembramiento permanente de Francia. No existen pruebas sólidas de ello. Reflexiones aisladas o escenarios informales surgidos en el entorno de Roosevelt nunca se convirtieron en política oficial de gobierno ni obtuvieron una mayoría dentro de la alianza occidental.
La película se mueve así en una estrecha frontera entre la reconstrucción histórica y la intensificación dramática. Transmite de forma impresionante la lucha de poder real entre Roosevelt y de Gaulle, pero exagera claramente la dimensión territorial del conflicto en favor de un relato más emocionante.
Autor: Andreas M. Brucker