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Nachrichten.fr · July 3, 2026

Un golpe de tambor de la historia: Francia restituye patrimonio colonial a Costa de Marfil

Más de un siglo después de su apoderamiento violento, un símbolo central de la cultura de África Occidental vuelve a su lugar de origen. Francia ha restituido oficialmente el llamado «Tambour parleur» a Côte d’Ivoire (Costa de Marfil). Lo que a primera vista puede parecer la devolución de un único objeto de museo es, en realidad, la expresión de un cambio profundo en la política de memoria europea y parte de una reevaluación de las relaciones entre antiguas potencias coloniales y Estados africanos.

Un botín colonial

La historia del tambor se remonta al año 1916. Durante la Primera Guerra Mundial, la entonces África Occidental Francesa se encontraba bajo un control colonial estricto. En esa fase se produjeron repetidas expediciones punitivas militares contra grupos locales de resistencia que se oponían a las reclutamientos forzosos y a la imposición de impuestos. En el curso de una de esas operaciones se confiscó el «Tambour parleur» y fue trasladado a Francia.

Esas apropiaciones no fueron casos aislados, sino un componente sistemático del ejercicio del poder colonial. Los objetos culturales se consideraban trofeos, pruebas de la superioridad imperial o piezas de colección científica para museos etnológicos. El tambor marfileño llegó finalmente a las colecciones estatales francesas y se conservó recientemente en el Musée du quai Branly – Jacques Chirac de París, una institución que alberga decenas de miles de objetos de África, Asia, Oceanía y América.

Durante décadas el instrumento fue presentado como pieza de museo, desvinculado de su contexto político y social. Su función original como medio de comunicación quedó en segundo plano; lo que quedó fue un artefacto estetizado en una vitrina.

El tambor parlante como instrumento político

El «tambor parlante» es, sin embargo, mucho más que un instrumento musical. En muchas sociedades de África occidental, el tambor parlante sirve como medio de comunicación política. Mediante la tensión variable de las pieles se pueden producir diferentes alturas tonales que corresponden a los patrones tonales de las lenguas locales. Así pueden transmitirse mensajes complejos a largas distancias: desde la convocatoria a una asamblea hasta la advertencia sobre peligros.

El ejemplar ahora restituido procede de la región de Abiyán y se atribuye al grupo étnico de los Ébrié (Atchan). En el orden precolonial tenía una función central en ocasiones oficiales. El golpe del tambor proclamaba las decisiones de las autoridades tradicionales y simbolizaba la legitimidad política. Su apropiación violenta no supuso solo una pérdida material, sino una intervención deliberada en el orden simbólico de la comunidad.

Que el tambor ahora regrese se entiende en Abiyán como un acto de reconocimiento histórico. El gobierno marfileño habla de una restauración de la dignidad cultural. En un país que desde la independencia en 1960 ha vivido repetidamente crisis políticas, intervenciones militares y guerras civiles, a tales actos simbólicos se les atribuye un significado constituyente de identidad.

El cambio de rumbo de Francia en la política de restituciones

La devolución del tambor no es un hecho aislado, sino parte de una reorientación más amplia en la política cultural de Francia. Un impulso decisivo lo dio en 2017 un discurso del presidente Emmanuel Macron en Uagadugú. Allí declaró que el patrimonio africano no debía permanecer de forma permanente en colecciones europeas si había sido adquirido en condiciones coloniales. En el plazo de cinco años deberían crearse las condiciones para restituciones temporales o definitivas.

Como consecuencia surgió un informe fundamental, redactado por la historiadora del arte Bénédicte Savoy y el economista senegalés Felwine Sarr. El llamado informe Sarr-Savoy de 2018 recomendó devoluciones de gran alcance, siempre que se demostrara que los objetos habían sido despojados mediante coacción o violencia. La publicación desencadenó un intenso debate —no solo en Francia, sino en toda Europa—.

Legalmente, sin embargo, la implementación es compleja. Las colecciones estatales francesas se consideran tradicionalmente «inalienable», es decir, inalienables. Por tanto, cada devolución requiere una ley especial. Ya en 2021 el Parlamento aprobó una ley correspondiente para la restitución de 26 obras de arte a Benín. También en el caso del tambor marfileño fue necesario un paso legislativo.

Simbología y cuestiones estructurales

Los críticos reprochan que la práctica francesa de restituciones sigue siendo hasta ahora puntual. Dado que hay alrededor de 70.000 objetos procedentes del África subsahariana solo en el Musée du quai Branly, la devolución de piezas individuales parece más simbólica que sistémica. En efecto, los obstáculos administrativos son considerables, al igual que las coordinaciones diplomáticas con los países de origen.

Los defensores replican que cada caso individual establece un precedente. La restitución no es un acto puramente logístico, sino que toca cuestiones de derecho de propiedad, responsabilidad histórica y cooperación internacional. Además, no se trata exclusivamente de devoluciones físicas, sino de una nueva forma de colaboración: investigación conjunta de procedencias, programas de formación para conservadores, contratos de préstamo a largo plazo.

Para la Costa de Marfil, el «Tambor parlante» podría ser un punto de partida. Otros objetos con contexto marfileño se encuentran en colecciones francesas. Abiyán ha señalado que se desea una investigación sistemática: un proceso que requiere habilidad diplomática y capacidades institucionales.

Un nuevo marco institucional en Abiyán

La cuestión sobre el lugar de conservación futuro no es trivial. Está previsto exhibir el tambor en el museo nacional de Abiyán, posiblemente en el Musée des Civilisations de Côte d’Ivoire. Allí no debe presentarse simplemente como un artefacto histórico, sino como parte de una cultura de memoria viva.

El desafío consiste en evitar una nueva descontextualización. Algunas voces abogan por involucrar más a las autoridades tradicionales y a las comunidades locales en las decisiones curatoriales. La restitución no se agota en la devolución física; también exige un examen de la cuestión de a quién pertenece el patrimonio cultural y quién puede disponer de él.

En este sentido, el “Tambour parleur” se convierte en una piedra de toque para una política cultural basada en la asociación. Obliga a pensar, más allá de la propiedad, en la responsabilidad.

El contenido simbólico de esta devolución trasciende las relaciones bilaterales. Abarca la cuestión fundamental de cómo las sociedades europeas quieren lidiar con su legado colonial. El debate en absoluto está cerrado. Oscila entre cuestiones jurídicas de detalle y consideraciones morales de principios. Pero con cada restitución se desplaza el marco normativo: lo que durante mucho tiempo se consideró una parte legítima de las colecciones nacionales se reevalúa.

El golpe del tambor, que en su día anunciaba decisiones políticas en una aldea marfileña, resuena hoy en el escenario internacional. Recuerda que la violencia histórica no desaparece en el archivo, sino que sigue actuando: en las instituciones, en los ordenamientos jurídicos, en las concepciones culturales de uno mismo. La restitución del «Tambour parleur» no es un punto final a la pasada colonial. Es más bien una señal de que la historia sigue siendo negociable —y de que la responsabilidad política puede seguir siendo efectiva más de cien años después.

P.T.