En la Croisette, el Mediterráneo brilla como siempre. Gafas de sol reflejan palmeras, fotógrafos esperan la próxima gran aparición, y ahora una de las playas más conocidas de la ciudad lleva un nombre que lleva décadas inseparablemente ligado a Cannes: Brigitte Bardot.
La antigua playa Macé se llama oficialmente desde el lunes “Plage Brigitte Bardot”. Con ello, Cannes rinde homenaje a una mujer que aquí, a mediados de los años cincuenta, se convirtió en leyenda. En 1955, durante el Festival de Cine, la joven actriz apareció en la playa con un bikini de flores, bailó descalza frente a los fotógrafos y, de paso, cambió la imagen de la libertad femenina en el cine europeo. De actriz pasó a mito. ¿Y Cannes? Se convirtió en el escenario de ese mito.
La playa está a pocos pasos del Palais des Festivals, donde cada año se despliega la alfombra roja y el mundo del cine detiene la respiración durante casi dos semanas. Justo en este lugar, cine y memoria se fusionan ahora definitivamente. Para la inauguración, la ciudad proyectó al aire libre la película de Louis Malle “¡Viva María!” –gratis, justo al borde del agua. Una manera bastante cinéfila de despedirse.
Pues Bardot falleció en diciembre de 2025. Pero su nombre sigue resonando por Francia como una melodía de otra época. Para muchos sigue siendo el rostro de la Nouvelle Vague, aunque nunca fue completamente parte de ese movimiento. Otros recuerdan a la mujer que abandonó temprano la industria cinematográfica para dedicarse sin compromisos a la protección animal. En Francia, a menudo basta con las siglas “BB” y todo el mundo sabe a quién se refieren.
Por eso este homenaje tiene una segunda dimensión. Cannes no solo celebra a la actriz, sino también a la activista. Fuera de la temporada de verano, los perros podrán acceder a la playa en horarios determinados. Una pequeña decisión quizás, pero con un enorme valor simbólico. Bardot luchó durante décadas con vehemencia contra el maltrato animal, la industria peletera y la cría intensiva. Sus amigos la llamaban tenaz. Sus detractores, más bien incómoda. Probablemente ambas cosas fueran ciertas.
Por supuesto, la figura de Brigitte Bardot sigue siendo complicada.
Sus posteriores declaraciones políticas provocaron debate intenso una y otra vez. En varias ocasiones fue llevada a juicio por sus declaraciones controvertidas. En Francia, esta ambivalencia hace tiempo forma parte del recuerdo público sobre ella. Ícono y figura polémica a la vez: no cae bien a todos, y menos aún en una época en que los homenajes culturales se examinan con más detalle que antes.
Pero Cannes decide mostrarse claramente a favor de la imagen de la joven Bardot. De aquella mujer que una vez corrió riendo por la Croisette y cuya presencia marcó la imagen internacional de la elegancia francesa. Ciudades como Cannes viven de sus historias, de fotografías, de las grandes imágenes del cine. Algunas de esas imágenes se desvanecen. Otras permanecen como sal en la piel.
Brigitte Bardot pertenece a esta segunda categoría.
Y ahora un pedazo del Mediterráneo lleva su nombre.
Por C. Hatty