Dubái – 18.07.2026: El conflicto entre Estados Unidos e Irán alcanzó en la noche del sábado una nueva y peligrosa fase. El Mando Central de Estados Unidos informó de la séptima noche consecutiva de ataques contra objetivos iraníes. Según el comunicado, fueron alcanzadas instalaciones de reconocimiento, logística militar, depósitos subterráneos de armas y capacidades marítimas. Irán respondió de nuevo con ataques de misiles y drones contra instalaciones estadounidenses y sus alrededores regionales. Kuwait informó de medidas defensivas contra proyectiles y drones, y Jordania aseguró haber interceptado misiles iraníes; también sonaron sirenas antiaéreas en Baréin.
Así, la lucha por el estrecho de Ormuz ha dejado definitivamente de ser solo una confrontación entre Washington y Teherán. Los Estados árabes vecinos, que desde hace décadas basan su arquitectura de seguridad también en la presencia militar estadounidense, se ven cada vez más involucrados en una guerra que no pueden controlar ni ganar políticamente. Para Kuwait, Baréin y Jordania, cada misil interceptado es por ello más que un acontecimiento militar: aumenta la presión interna para redefinir su propio papel en la lucha regional por el poder.
El estrecho de Ormuz es la verdadera palanca. El estrecho paso entre Irán y Omán conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y figura entre las rutas estratégicamente más importantes para el petróleo, el gas natural licuado y el transporte de contenedores. La mera incertidumbre sobre la seguridad de los tránsitos ya encarece los seguros, alarga las rutas de suministro y afecta a los importadores de energía desde Europa hasta Asia Oriental. Por ello, un bloqueo duradero o la militarización de facto de la ruta tendría consecuencias que irían mucho más allá de Oriente Medio.
Políticamente, la situación es especialmente incómoda porque ninguna de las partes parece ofrecer una salida sencilla. Estados Unidos quiere debilitar las capacidades marítimas y militares iraníes sin dejarse arrastrar a una guerra terrestre abierta. Teherán, por su parte, difícilmente puede mantener de forma creíble su disuasión regional si los ataques contra su propio territorio quedan sin respuesta. El peligro inmediato reside menos en una única escalada espectacular que en la rutina de golpes recurrentes, errores de cálculo y contraataques.
Para Europa, este es un conflicto con una doble factura. Afecta tanto a la seguridad de las rutas comerciales y al suministro energético como a la ya frágil diplomacia en Oriente Medio. Por tanto, la pregunta de esta mañana no es si Ormuz volverá a ser navegable libremente. La pregunta es qué acuerdo político podría ser lo suficientemente sólido como para que las armas vuelvan a callar allí.
Fuentes
- Associated Press
- Le Monde
- United Nations
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